Falta visión, entender que formar para el territorio no limita, sino que enriquece

Entrevista a María Luisa Castaño, directora de Impacto y Transferencia

«La universidad ha priorizado durante demasiado tiempo la transmisión de conocimiento técnico, dejando en segundo plano la formación personal y social. A su vez, las empresas exigen competencias pero pocas veces fomentan un entorno que contribuya a su desarrollo. En el fondo, el problema es compartido: la universidad forma para el conocimiento y las empresas esperan profesionales completos, cuando ambos deberían trabajar juntos para construir ese perfil.», según María Luisa Castaño Marín Consejera Independiente y Consejera Científica


María Luisa Castaño Marín es una gestora pública de larga trayectoria en instituciones españolas de alto nivel, con amplia experiencia en I+D+i y gobierno de la innovación. Licenciada en Ciencias Químicas por la Universidad de Valladolid con formación en liderazgo público, ha ocupado puestos clave como Directora General de Política de Investigación, Desarrollo e Innovación (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, 2016), Directora General de Innovación y Competitividad (Ministerio de Economía y Competitividad, 2013-2015), y Subdirectora General de Colaboración Público-Privada (2008-2012).

Tras una carrera destacada en el CIEMAT como investigadora y directora del Departamento de Energía, actualmente ejerce como Consejera Independiente y Consejera Científica, especializándose en asesoramiento en innovación, sostenibilidad y tendencias energéticas. Su expertise combina gestión estratégica de política pública con gobernanza corporativa independiente. 

Soft skills

En mi opinión, cuando las empresas detectan carencias en habilidades señaladas, entre otras, ponen de manifiesto la brecha entre lo que enseña la universidad y lo que realmente demanda el mercado laboral,  No creo que sea un fracaso absoluto de la educación universitaria, pero sí un síntoma de un modelo que necesita renovarse de manera inmediata. Me parece que este desequilibrio es un reflejo de una educación que se ha quedado a medio camino entre la teoría y el mundo real.

La universidad ha priorizado durante demasiado tiempo la transmisión de conocimiento técnico, dejando en segundo plano la formación personal y social. A su vez, las empresas exigen competencias pero pocas veces fomentan un entorno que contribuya a su desarrollo. En el fondo, el problema es compartido: la universidad forma para el conocimiento y las empresas esperan profesionales completos, cuando ambos deberían trabajar juntos para construir ese perfil.

La universidad ha priorizado durante demasiado tiempo la transmisión de conocimiento técnico, dejando en segundo plano la formación personal y social

Planes de estudio de los grados

Considero que los planes de estudio ofrecen una base teórica sólida, pero en general están desconectados del ritmo del mundo laboral actual. La universidad sigue moviéndose con la inercia del pasado, mientras el mercado cambia a una velocidad que exige adaptación constante. Las empresas, por su parte, demandan perfiles versátiles, pero pocas se implican de forma estructurada en la actualización de esa formación que esperan. 

En mi experiencia, el desafío no está en enseñar más contenidos técnicos, que se quedan obsoletos rápidamente, sino en preparar a los estudiantes para aprender durante toda su vida y adaptarse a entornos cambiantes.

La universidad sigue moviéndose con la inercia del pasado, mientras el mercado cambia a una velocidad que exige adaptación constante

Necesidades socioeconómicas

Creo que es esencial que las universidades escuchen más a su entorno, pero sin perder la perspectiva global. Adaptarse a las necesidades del territorio no debería significar encerrarse en él, sino partir de su realidad para proyectarse hacia fuera. He visto casos donde esta conexión funciona bien, pero en general las universidades públicas españolas siguen demasiado centradas en su propia estructura interna. 

Falta diálogo real con las empresas, con la administración y con la sociedad civil y sobre todo, echo de menos una estrategia compartida de largo plazo. También falta visión, entender que formar para el territorio no limita, sino que enriquece.

AGHM

Orientación de las universidades para poder informar a sus estudiantes

La relación entre universidades y empresas sigue siendo débil. Hay colaboraciones puntuales, como ferias de empleo o convenios, pero pocas iniciativas sostenidas en el tiempo. Las grandes compañías cuentan con cátedras o programas propios, pero la mayoría de las pymes, que son la base del tejido productivo, no tienen medios ni canales para establecer ese diálogo. 

A mi juicio, sería necesario construir espacios estables de cooperación que permitan compartir información sobre tendencias y necesidades de talento. Los servicios de orientación profesional de las universidades, los responsables de recursos humanos de las empresas y los servicios profesionales de selección de personal deberían estar en permanente comunicación. 

Sería necesario construir espacios estables de cooperación que permitan compartir información sobre tendencias y necesidades de talento

Los profesores asociados

El profesorado asociado es, en teoría, un puente entre la universidad y la empresa, pero en la práctica su papel está muy limitado. Con condiciones laborales precarias y poco reconocimiento institucional su contribución depende más de su vocación que de una política estructurada, lo que limita su verdadero potencial como agentes de conexión entre ambos mundos.

Aunque el profesorado asociado refleja en la actualidad una contradicción estructural, son esenciales para la docencia, pero tratados como personal prescindible, el auténtico reto es cómo redefinir la figura, manteniendo su esencia como puente con la empresa, pero garantizar que no se use para cubrir necesidades estructurales de docencia, que deberían recaer en profesorado estable. 

Atracción de talento internacional

España tiene un enorme potencial para atraer talento, pero todavía carece de una estrategia sólida. de internacionalización, programas bilingües y una mayor conexión entre universidad y empresa, para ofrecer oportunidades reales a los estudiantes extranjeros. Algunas universidades privadas, especialmente en el ámbito iberoamericano, ya están avanzando en esa dirección, pero las públicas siguen ancladas en modelos muy locales. 

Desde mi punto de vista,  las universidades públicas deberían asumir este reto como una oportunidad: atraer talento no solo refuerza la proyección académica, sino también la innovación y la competitividad del país. Atraer talento no es solo cuestión de prestigio, sino de abrirse al mundo.

España tiene un enorme potencial para atraer talento, pero todavía carece de una estrategia sólida

Educación superior para trabajadores, personas con responsabilidades familiares, inmigrantes o colectivos desfavorecidos

La educación superior tiene un enorme potencial transformador, puede y debe ser una herramienta de movilidad social, pero solo si hay una alianza sincera entre lo público y lo privado. Opino que las universidades y las empresas deberían entender la formación como una responsabilidad compartida. 

Las empresas pueden facilitar el acceso a la educación mediante becas, horarios adaptados o programas de formación dual. Pero esto requiere compromiso real, no solo discursos de responsabilidad social. Las universidades, por su parte, también deben flexibilizar sus estructuras y ofrecer itinerarios más diversos y perfiles que no siempre son estudiantes jóvenes a tiempo completo. 

AGHM

‘Loyal students’

No hay duda que tener una universidad cercana facilita el acceso, pero no garantiza que los egresados se queden. Si el entorno no ofrece oportunidades laborales o proyectos atractivos, el talento migra. La universidad puede contribuir a revertir este fenómeno si se implica más en el desarrollo local, fomentando la innovación y el emprendimiento en colaboración con administraciones y empresas. 

Desde mi perspectiva, retener talento no se consigue apelando al compromiso sentimental, sino creando un entorno donde valga la pena quedarse.

Si el entorno no ofrece oportunidades laborales o proyectos atractivos, el talento migra. La universidad puede contribuir a revertir este fenómeno si se implica más en el desarrollo local

Las universidades españolas demasiado parecidas

Sí, lo son, y ese es uno de sus grandes problemas. La mayoría ofrece titulaciones similares, con poca especialización y escasa diferenciación estratégica. Esta uniformidad parece responder,  en parte, al miedo a competir, pero también a un sistema que valora más la estabilidad que la innovación. 

Personalmente opino que las universidades deberían apostar por su singularidad, potenciar áreas de excelencia y atreverse a definir una identidad propia. La diversidad fortalecería el sistema universitario y lo haría más competitivo y útil para la sociedad.

Las universidades deberían apostar por su singularidad, potenciar áreas de excelencia y atreverse a definir una identidad propia

Atraer inversiones empresariales a un territorio

Tener una universidad cercana puede marcar la diferencia. Las empresas buscan talento, conocimiento y colaboración, y una universidad activa puede ofrecer todo eso. Sin embargo, en muchos casos, las universidades españolas actúan más como administraciones del conocimiento que como agentes de desarrollo. 

Me parece que deberían asumir un papel más proactivo, implicándose en proyectos locales, impulsando la innovación y convirtiéndose en verdaderos socios estratégicos del crecimiento económico del territorio.


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Entrevista ALFONSO GONZÁLEZ / CECILIA LLOP


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