“El éxito se define como: la adquisición de un sólido conocimiento disciplinar junto con competencias transversales; garantizar que el origen social deje de ser un destino académico y profesional (equidad); la formación de individuos con una conciencia cívica y ética; y la capacidad del egresado de aportar valor a la sociedad e influir positivamente en su entorno. El éxito es el impacto social positivo de nuestros egresados, no solo su sueldo. Es la materialización de la misión pública de la universidad», según afirma Raúl Ruiz Callado, Vicerrector de la Universidad de Alicante.
Raúl Ruiz Callado, actual vicerrector de estudiantes y empleo de la Universidad de Alicante, ha mantenido desde sus años como estudiante un firme compromiso con la participación universitaria y el fortalecimiento del papel del estudiantado en la vida académica. Su trayectoria combina una profunda vocación por la gestión universitaria con una visión participativa y transformadora de la educación superior. Antes de asumir su actual cargo, desempeñó diversas responsabilidades de gestión dentro de la institución, destacándose por su capacidad de diálogo, su impulso a la innovación organizativa y su apuesta por una universidad más abierta, inclusiva y orientada al compromiso social.
La idea de “todo para los estudiantes, pero sin los estudiantes” está presente en una parte de la universidad ¿Hasta qué punto la tan demandada transformación de la Universidad pasa por repensar el papel del estudiantado?
La transformación universitaria pasa necesariamente y de forma urgente por redefinir el papel del estudiantado, superando la premisa paternalista de «todo para los estudiantes, pero sin los estudiantes». Desde la Sociología, entendemos que el estudiante es un actor social activo y no un mero receptor. La exclusión de su voz reproduce estructuras de poder que ralentizan el cambio.
En la Universidad de Alicante, nuestra visión es que el estudiantado debe ser central en la cocreación de su itinerario formativo, la gobernanza y la calidad institucional. En un contexto de creciente individualización de las trayectorias vitales y educativas (como describió Zygmunt Bauman con la «modernidad líquida»), es crucial que la institución ofrezca mecanismos reales de participación y corresponsabilidad. Incorporar su perspectiva no es solo una cuestión democrática, sino un imperativo
de relevancia y eficacia en la formación.
La transformación universitaria pasa necesariamente y de forma urgente por redefinir el papel del estudiantado, superando la premisa paternalista de «todo para los estudiantes, pero sin los estudiantes»
En UK, en especial en las universidades del grupo Rusell, existe un importantedebate sobre cómo realizar una admisión contextual, esto es, atendiendo a circunstancia del contexto social, educativo y económico del candidato al evaluar las solicitudes. ¿Cómo podemos atender en la admisión de las universidades públicas españolas estas circunstancias?
El debate sobre la admisión contextual en instituciones como las del grupo Russell es crucial, pues aborda un desafío estructural de nuestro sistema: la equidad de acceso a la universidad pública. Como catedrático en Sociología, sé que la máxima de que «la educación es el gran ascensor social» es una promesa que el sistema actual no cumple plenamente, pues el origen socioeconómico sigue siendo un
determinante poderoso del éxito educativo. El capital cultural y social actúa como una barrera sutil.
Pierre Bourdieu argumentó que la escuela tiende a reproducir las desigualdades sociales al valorar implícitamente el capital cultural heredado de las familias privilegiadas. En España, debemos ser creativos dentro del marco normativo para mitigar este efecto.
En la UA estamos explorando mecanismos que podrían incluir: ponderación de factores contextuales, considerando el entorno social o las becas recibidas como elementos de discriminación positiva; o programas de apoyo pre-acceso para estudiantes de entornos desfavorecidos. Es un reto de Estado que exige un acuerdo amplio para garantizar la igualdad de oportunidades.
En la UA estamos explorando mecanismos que podrían incluir: ponderación de factores contextuales, considerando el entorno social o las becas recibidas como elementos de discriminación positiva; o programas de apoyo pre-acceso para estudiantes de entornos desfavorecidos
En EEUU está adquiriendo una importancia creciente, por los buenos resultados obtenidos, lo que denominan la “universidad dual”, imbricar la educación secundaría con la terciaria ¿Cómo hacer en España que la mayor parte posible de los estudiantes de secundaria conozcan la universidad y puedan valorar el acceder a ella?
La «universidad dual», que busca una transición fluida entre la secundaria y la terciaria, atiende una necesidad clave: reducir la incertidumbre y la distancia que perciben los estudiantes preuniversitarios.
El desafío en España es desmitificar y normalizar la institución universitaria. No se trata solo de hacer visitas guiadas; se trata de integrar la experiencia universitaria en el itinerario de la secundaria. Las
acciones deben ir mucho más allá de la orientación clásica: ofrecer asignaturas optativas universitarias a estudiantes de secundaria, impartidas en el campus; o utilizar a nuestros propios estudiantes como mentores en los institutos.
Desde la Sociología de la Educación y mi experiencia en el decanato de una facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, sé que muchos estudiantes de entornos con menor tradición universitaria carecen de la información y la red necesaria. Acercar la universidad es un acto de ruptura de la inercia social y de expansión del horizonte de posibilidades.

Hasta ahora las universidades públicas en España han tenido una baja presencia
en el “boom” de las universidades “online” ¿Qué razones explican esta situación?
La baja presencia de las universidades públicas españolas en el «boom» online es un fenómeno que se explica por una confluencia de factores estructurales, normativos y culturales. El sistema español prioriza históricamente la docencia presencial, lo que ha generado una lentitud en la adaptación de las estructuras académicas para escalar la oferta digital con garantías de calidad, sumado a una inercia cultural que asocia la excelencia principalmente con la presencialidad.
Las universidades públicas, a diferencia de las privadas online, no han podido pivotar con la misma
agilidad porque están sometidas a un marco de financiación y costes fijos más rígido. Se percibe el online no como una oportunidad de expansión de la misión social, sino como una modalidad complementaria.
Debemos verlo como un vehículo para la equidad y la formación a lo largo de la vida, llegando a personas que de otra forma no accederían (trabajadores, personas en zonas rurales, etc.). Es un ámbito donde debemos avanzar estratégicamente para no perder relevancia y cumplir con nuestra función de servicio público.
Se percibe el online no como una oportunidad de expansión de la misión social, sino como una modalidad complementaria
El G4, los principales sistemas universitarios anglosajones que representan más
del 50% de la movilidad internacional, están limitando el acceso a estudiantes de otros países. ¿Con qué medidas o cambios normativos se podría atraer a más estudiantes internacionales a las universidades públicas españolas?
La limitación de acceso en el G4 abre una ventana de oportunidad estratégica para el sistema universitario español. No obstante, la atracción de talento internacional requiere una reforma ambiciosa que elimine los obstáculos burocráticos y económicos.
Desde el Vicerrectorado y mi experiencia en la gestión universitaria, proponemos: una simplificación burocrática para visados y homologación; y la flexibilización de las tasas académicas para estudiantes extracomunitarios, alineándolas competitivamente, y a la vez, reservando un sistema de becas por mérito y renta.
Además, debemos aumentar la oferta en inglés. Atraer estudiantes internacionales no es solo una fuente de financiación; es una forma de diversificar el capital cultural en nuestras aulas y de exportar nuestra influencia y conocimiento al mundo. Es una inversión en la marca país.
Atraer estudiantes internacionales no es solo una fuente de financiación; es una forma de diversificar el capital cultural en nuestras aulas y de exportar nuestra influencia y conocimiento al mundo. Es una inversión en la marca país
¿Está la organización académica en las universidades adaptada para la incorporación significativa de estudiantes trabajadores, con responsabilidades
familiares, o inmigrantes?
La respuesta, con matices, es que aún no lo está de forma óptima. La estructura actual universitaria fue diseñada para un estudiante joven, a tiempo completo y con escasas responsabilidades externas. Esta rigidez actúa como una barrera para los «nuevos» perfiles estudiantiles que caracterizan la sociedad del siglo XXI.
Necesitamos una flexibilización sistémica que aborde la realidad de la vida adulta, lo que implica: potenciar modelos de semipresencialidad y docencia asíncrona; diseñar evaluaciones que midan la adquisición de competencias con flexibilidad en fechas; y agilizar el reconocimiento de la experiencia profesional previa. Como se ha analizado desde la Sociología del Trabajo, la formación a lo largo de la vida es la nueva norma. La universidad debe dejar de ser una etapa estanca y convertirse en un socio permanente para la recualificación de la población adulta, integrando a quienes están fuera de la trayectoria lineal.

Una de las secuelas del COVID ha sido el crecimiento del absentismo del estudiantado ¿Cuáles son sus consecuencias? ¿Cómo podemos combatirlo?
El absentismo post-COVID es una secuela grave que refleja una desconexión profunda con la experiencia universitaria, alimentada por la facilidad de la docencia a distancia durante la pandemia. Sus consecuencias incluyen el deterioro del rendimiento, el aislamiento social —que reduce el capital social estudiantil— y el aumento de problemas de salud mental.
Para combatirlo, la estrategia debe ser proactiva: presencialidad de calidad y motivadora que solo pueda suceder en el aula; monitorización temprana para identificar patrones de riesgo y activar tutorías personalizadas; y el refuerzo de servicios de bienestar. La salud mental es un prerrequisito para el éxito académico.
presencialidad de calidad y motivadora que solo pueda suceder en el aula; monitorización temprana para identificar patrones de riesgo y activar tutorías personalizadas; y el refuerzo de servicios de bienestar
El antiguo modelo de «primero estudia, luego trabaja» está abiertamente en cuestión. ¿Cómo insertamos el aprendizaje en el campus y en el lugar de trabajo cuidando de los estudiantes y sin sobrecargar a los empleadores?
El modelo lineal ha caducado. La formación debe ser un proceso imbricado que integre el aprendizaje teórico con la práctica profesional desde el primer día. La clave está en la corresponsabilidad y el diseño curricular avanzado: garantizar que las prácticas curriculares sean experiencias formativas con objetivos claros y una tutorización rigurosa por parte de universidad y empresa, e impulsar formatos de
formación que alternen periodos largos en el campus y en la empresa. Como
Vicerrector y ex-Decano, entiendo la presión de los empleadores. Nuestro rol es asegurar que el estudiante llegue con una base ética y competencial sólida (pensamiento crítico, resolución de problemas). El reto es integrar la teoría y la praxis, haciendo que el empleador vea en el estudiante un activo en formación, no solo un coste.
En los ránquines sobre universidades uno de los datos más relevantes que suelen aparecer en relación a los estudiantes es ROI, el retorno de la inversión que se produce después de titular. ¿Hasta qué punto está visión compromete el futuro de las universidades?
El ROI (Retorno de la Inversión) es un indicador de mercado, relevante para la toma de decisiones individuales, pero una visión hegemónica de este dato compromete la esencia de la universidad. Si bien la empleabilidad es un indicador de éxito social y económico fundamental, centrar el futuro de la institución solo en el retorno monetario desplaza la misión humanística y limita el pensamiento
crítico.
Max Weber ya advertía sobre la «jaula de hierro» de la racionalidad burocrática y utilitarista. La universidad debe evitar caer en esa jaula, manteniendo su rol de espacio de crítica y conocimiento desinteresado. El éxito no es solo salarial, es la contribución social del egresado. Debemos buscar un
equilibrio entre la empleabilidad y la formación integral para un mundo complejo.
Si bien la empleabilidad es un indicador de éxito social y económico fundamental, centrar el futuro de la institución solo en el retorno monetario desplaza la misión humanística y limita el pensamiento
crítico
¿Qué supone hoy el éxito educativo de los estudiantes para una universidad?
El éxito educativo para una universidad pública, en la sociedad del conocimiento del siglo XXI, es una métrica multidimensional que trasciende el simple índice de graduación. Para la Universidad de Alicante, el éxito se define como: la adquisición de un sólido conocimiento disciplinar junto con competencias transversales; garantizar que el origen social deje de ser un destino académico y profesional (equidad); la formación de individuos con una conciencia cívica y ética; y la capacidad del egresado de aportar valor a la sociedad e influir positivamente en su entorno. El éxito es el impacto social positivo de nuestros egresados, no solo su sueldo. Es la materialización de la misión pública de la universidad.
ENTREVISTA POR ALFONSO GONZALEZ Y CECILIA LLOP ESdiES






