La universidad tiene un concepto demasiado elevado de sí misma

Entrevista a Ricardo Alonso Maturana

Según Ricardo Alonso Maturana, fundador de GNOSS, la educación superior atraviesa una tensión entre su ideal de conocimiento universal y su desconexión con la realidad cotidiana. En sus palabras, el reto no está solo en profesionalizar los estudios, sino en recuperar su dimensión formativa más profunda: enseñar a pensar, colaborar y afrontar problemas reales desde la deliberación crítica y el compromiso con la sociedad.


Ricardo Alonso Maturana es filósofo y sociólogo, fundador y director de GNOSS, una de las iniciativas más innovadoras en el ámbito de las tecnologías del conocimiento y las redes semánticas. Referente en el pensamiento sobre educación, tecnología y cultura digital, ha impulsado un modelo de innovación humanista que busca reconciliar el saber académico con la inteligencia colectiva, el pensamiento crítico y la transformación social.

Cuando los empleadores ponen de manifiesto que a los egresados universitarios les faltan las soft skills esenciales para trabajar en la empresa —habilidades como el pensamiento crítico, la capacidad de escucha y de comunicación, el trabajo en equipo, la resolución de conflictos, la responsabilidad o la empatía—, ¿no están evidenciando el fracaso en lo que debería ser la esencia de la “educación” universitaria?

En cierto modo sí. Está bien que los estudios universitarios tengan una dimensión profesionalizante, especialmente los más fundamentales como la física, la filosofía, las matemáticas, la historia, la filología o la química, por mencionar algunas de las disciplinas o ramas más antiguas del árbol del conocimiento. En principio, esta clase de carreras, que denominaré fundamentales, debería contener, por la naturaleza abstracta de su conocimiento, pero también por el contenido de este, la suficiente dosis de deliberación dialógica, consideración cuidadosa de las cosas y los hechos y no aceptación de ninguna clase de conclusión que no venga avalada por un riguroso proceso de razonamiento.

Sin embargo, hay muchos itinerarios formativos que han alcanzado rango de estudios universitarios superiores que son esencialmente formación profesional orientada a satisfacer un conjunto de competencias funcionales que demanda el mercado de trabajo. Quizá, en esta clase de itinerarios, la clase de competencias transversales o “para nada” que se precisan desarrollar y consolidar para construir una idea de mundo propia y un criterio propio con relación al amplio espacio de problemas posibles, y con frecuencia no anticipables, frente a los que la persona se va a desempeñar, resultar en consecuencia útil en un equipo, ser responsable con relación a los fines del trabajo personal y del grupo o entender las dificultades o posturas de los demás, no se trabajen demasiado.

Y ello porque no es posible hacerlo fuera o al margen de los medios naturales para ello: la lectura de textos o resolución de problemas difíciles, que frecuentemente requieren de la colaboración de terceras personas para resolverlos, la discusión crítica de textos o problemas difíciles y la asunción de tareas difíciles en plazos cerrados. El entrenamiento en tareas y problemas difíciles no es solo una forma de entrenar el intelecto, sino también el carácter y nuestro talento para dar con soluciones rigurosas en plazos cerrados y determinados, que, además, precisan de la concurrencia de otras personas y recursos.   

Hay muchos itinerarios formativos que han alcanzado rango de estudios universitarios superiores que son esencialmente formación profesional orientada a satisfacer un conjunto de competencias funcionales que demanda el mercado de trabajo

¿Los conocimientos previstos en los planes de estudio de los grados universitarios capacitan realmente a sus egresados para incorporarse al mundo laboral?

Particularmente, me siento inclinado a pensar que los conocimientos de las carreras que, en la pregunta anterior, he denominado fundamentales, son útiles para posiciones que impliquen alguna clase de liderazgo sobre equipos,  ejecución de planes complejos, toma de decisiones y construcción social de soluciones, productos o servicios, pero solo si se complementan con alguna clase de estudios de master que permitan a la persona en cuestión aterrizar/entender qué es una empresa o cualquier organización humana compleja cuyo diseño está determinado por fines y cuya operación responde a la clase de racionalidad económica característica de las sociedades abiertas. Además, han de incorporar, al menos, un dominio real/conversacional de un segundo idioma (inevitablemente el inglés).

Los estudios universitarios que llamaré profesionales, si están encajados con la demanda, permiten incorporarse a la empresa con cierta facilidad, especialmente si se trata de estudios técnicos. Esa clase de conocimientos están inevitablemente pegados a un marco de resolución de problemas predeterminado e, inevitablemente también, son erosionados por el ciclo de obsolescencia del conocimiento, que obliga a un esfuerzo permanente de actualización de competencias.

En cualquiera de los dos casos, creo que la universidad no enseña (de hecho, mucho menos que la formación profesional, según he podido experimentar) a trabajar, a entender qué es trabajar. Quizá tampoco sea su función, pero alguna clase de puente con el trabajo es necesario que exista.

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¿Cómo podríamos conseguir que las titulaciones que ofrecen las universidades públicas recogieran las necesidades socioeconómicas de sus territorios?

La idea de conocimiento universal y conexión local resulta un tanto contradictoria. Creo más bien que deben existir puentes con lo local en forma de estudios específicos que pueden ser títulos propios o de máster.

Sin embargo, el mejor modo de que ese puente sea efectivo es que al claustro de esa clase de estudios se incorporen profesionales que desarrollan habitualmente su vida laboral fuera de la universidad. Diría que eso es bueno casi para cualquier estudio universitario. Esa incorporación de personas talentosas que trabajan fuera de la academia creo que es el mejor seguro para conectar ambos mundos. Entiendo que la antigua figura del profesor asociado era para eso, pero también creo que no se utilizó para el fin para el cual fue concebida.

Me parece que la universidad, en términos generales, tiene un concepto demasiado elevado de sí misma, lo que deja fuera a casi todo el mundo. Eso dificulta la necesaria comunicación con el mundo en general y el empresarial y laboral en particular, pero también dificulta enormemente la transferencia de conocimiento avanzado, resultado de la investigación académica, a las empresas, que muy raramente pueden influir en el diseño de esta.

Me parece que la universidad, en términos generales, tiene un concepto demasiado elevado de sí misma, lo que deja fuera a casi todo el mundo

¿Qué vías de cooperación existen entre los responsables de RR. HH. y los de orientación de las universidades para poder informar a sus estudiantes —y también a sus profesores— sobre la evolución de las demandas de capacitación en las empresas?

En la Universidad de la Rioja, que es la que tengo más cerca, se hace una jornada al año en el que las empresas pueden presentarse a los estudiantes de informática y doble grado de informática y matemáticas con el fin de que sean lo alumnos los que elijan las empresas en la que quieren realizar sus prácticas extracurriculares y el TFG. No ocurre lo mismo con el máster de Ciencia de Datos, por ejemplo, en el que los alumnos son informados de las empresas colaboradoras, pero poco más.

Creo que debería existir una vía de colaboración bien estructurada en la que las empresas pudieran hacer master-classes, pequeños seminarios o lo que fuera, con el fin de ilustrar a los alumnos sobre algún área de conocimiento y sus desarrollos aplicados. En esta clase de encuentros debería quedar excluida cualquier clase de “venta directa” o promoción empresarial. También entiendo que sería útil alguna clase de encuentro periódico con responsables de RR.HH, pero aquí sería importante que por parte de la universidad se incorporara más gente que la de la oficina de transferencia.

En esta clase de encuentros debería quedar excluida cualquier clase de “venta directa” o promoción empresarial

¿Qué papel juegan los profesores asociados en la cooperación entre empresas y universidades? ¿Favorece el marco actual para los profesores asociados la colaboración entre universidades públicas y empresas?

Creo que deberían ser importantes e incluso fundamentales, como ya he dicho. Lamentablemente, me parece que esa figura se ha utilizado, no para incorporar personas talentosas que se ganan la vida con el ejercicio de su profesión, sino como medio de iniciar a los alumnos ya doctorados o doctorandos en la docencia e investigación universitarias, en definitiva, como puerta de acceso trasera a la carrera universitaria.

Recientemente, las empresas británicas solicitaban un giro en las universidades para conseguir que actuaran como atractores de talento internacional. ¿Es aplicable esta demanda a España?

Sería estupendo que las universidades españolas atrajeran personas de fuera, especialmente de Latinoamérica. Las necesitamos. De hecho, creo que esto está ocurriendo a través de los estudios de máster, que permiten que personas de fuera del país y sin permiso de residencia puedan acceder al mercado laboral español después de realizar esa clase de estudios. Sería muy bueno que todo este movimiento fuera parte de una estrategia nacional ampliamente consensuada.

¿Cómo pueden cooperar las empresas para que las universidades actúen como ascensores sociales, incorporando a la educación superior a trabajadores, personas con responsabilidades familiares, inmigrantes o colectivos desfavorecidos?

La extraordinaria generalización de los estudios universitarios en España, junto con su irregular calidad, ha determinado que su utilidad para los fines del programa social de igualdad de oportunidades resulte muy variable. Ya no se paga lo que antes por según qué titulaciones, ni se progresa socialmente lo mismo que antaño, seguramente. Pero todas las generalizaciones resultan siempre exageradas y la exageración es una forma, demasiadas veces aceptada, de falsear la realidad. Hay que atender a los hechos en detalle.

Dicho esto, las personas con estudios universitarios tienen una muy alta empleabilidad. No creo que el de la empleabilidad sea, de hecho, el problema. Si nos referimos al papel que juegan los estudios universitarios en el progreso social de las personas, cabe decir que, algunas universidades, especialmente aquellas que han hecho una apuesta muy decidida por los estudios a distancia utilizando internet, han tenido un extraordinario éxito en el reclutamiento de personas que han visto en ellas una oportunidad de elevación social y económica.

Pienso en la UNIR, por ejemplo. Muchos de sus alumnos aquí, en España, pero sobre todo en LATAM, son trabajadores, propietarios de microempresas o son mujeres trabajadoras, que han visto su oferta de estudios muy enfocados y útiles para el propósito de dirigir su carrera vital hacia dónde quieren. El éxito de ese modelo y de esa empresa merece tomar en consideración la extraordinaria acogida que parecen tener programas educativos universitarios que encajan y son compatibles con las exigentes responsabilidades de la vida cotidiana de las personas, que tienen la aspiración y están determinadas a hacer el esfuerzo para elevarse socialmente en entornos económica, política y socialmente complicados. Programas de estudios que seguramente resulten demasiado porbres, simple y faltos de calidad para la universidad “como Dios manda”.

En este sentido, las universidades “normales” quizá adolezcan de una visión excesivamente “escolar” del proceso de enseñanza-aprendizaje, lo que expulsa de su seno a este grupo de personas adultas que quieren progresar. Dejo fuera de esta reflexión iniciativas como el de la universidad de la experiencia, orientado a personas mayores frecuentemente jubiladas, porque creo que no son el asunto de esta pregunta.

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Se ha comprobado que disponer de una universidad cerca del lugar de residencia democratiza el acceso, pero, para que tenga un impacto real, nos falta un paso: conseguir que los egresados permanezcan en el territorio. ¿Cómo logramos lo que los británicos llaman “loyal students”, es decir, estudiantes que, después de graduarse, trabajan y producen en sus entornos rurales o periféricos?

Como dice Ben Wilson en Metrópolis, la ciudad es el mayor invento de la humanidad. Desde que Roma alcanzó el millón de habitantes en el siglo I de nuestra era, sabemos también que el tamaño de ese invento importa. Las ciudades grandes resultan enormemente atractivas para la inversión y el talento porque ofrecen toda clase de servicios, disponen de un espacio público muy rico y la oferta de formación es casi ilimitada. Los jóvenes las prefieren a las pequeñas ciudades de provincias.

Con frecuencia, además, el sistema de comunicaciones está diseñado para desaguar en esos grandes centros, lo que, en la práctica, cuando hablamos de altas velocidades, por ejemplo, implica que funciona como un sistema de drenaje de talento para economías locales, que se vacían de actividad y personas, que orbitan en la cada vez más amplio espacio gravitatorio de esa clase de centros. ¿Cómo parar o revertir este movimiento? Alemania o el País Vasco nos enseñan que una alta especialización del territorio posibilita que la economía esté suficientemente distribuida. En ambos casos, estamos hablando de territorios muy densamente poblados, bien comunicados y que disponen de fábricas de conocimiento (de naturaleza universitaria, pero no solo) muy vinculados con esa actividad económica.

El sistema de comunicaciones está diseñado para desaguar en esos grandes centros, lo que implica que funciona como un sistema de drenaje de talento para economías locales

Con frecuencia, en España, las universidades locales de ciudades pequeñas reproducen el modelo generalista de las grandes, lo que hace que su impacto sobre la economía local no resulte determinante. Para que se produzca ese círculo virtuoso hace falta tomar decisiones políticas orientadas a desarrollar sectores altamente especializados de media o alta tecnología, que generen empleo de calidad y resulten atractivos para personas nativas y atraigan a las no nativas.

Richard Florida se ha ocupado de desentrañar qué es lo que caracterizaba a las ciudades capaces de atraer a personas talentosas. El patrón es siempre el mismo: actividad económica altamente especializada de alto impacto, fábricas de conocimiento avanzadas y una oferta educativa en la franja obligatoria de calidad y variada, a la par que una oferta cultural, gastronómica y social sofisticada y viva. Para conseguir esto, hay que tomar decisiones políticas y apostar por algo.

Sin embargo, con las tasas de natalidad europeas es mejor pensar, no tanto en estudiantes leales al territorio, como en aquellos desleales a otros territorios pauperizados o muy complicados, que desean moverse a alguna parte. Sin atraer personas de fuera, de LATAM, pero también de África, será difícil mantener y hacer crecer la actividad económica especializada y compleja, que está en la base del crecimiento de población de las ciudades.

Con frecuencia, en España, las universidades locales de ciudades pequeñas reproducen el modelo generalista de las grandes

Desde el punto de vista de la formación de los RR. HH., ¿son las universidades españolas demasiado parecidas entre sí?

Seguramente sí en la configuración de la oferta, no lo creo tanto desde el punto de vista de la calidad. Me remito a la respuesta que he dado a la pregunta anterior. Cuando hablaba allí de fábricas de conocimiento, me estaba refiriendo a instituciones educativas como el Instituto de Máquina Herramienta (IMH) de Elgoibar, absolutamente orientado a la formación en tecnologías de fabricación mecánica desde su fundación en 1989 y que, seguramente, es el mejor centro de formación en fabricación mecánica del mundo actualmente. Allí se pueden seguir estudios de formación profesional, formación continua y universitarios, todo ello en alternancia con las empresas del sector.

Elgoibar es un pueblo de 11000 habitantes que produce el 90% de la máquina-herramienta de España, séptimo fabricante mundial. Las empresas están en el gobierno del IMH desde su promoción y fundación. En el IMH participan, además de la Asociación de Fabricantes de Máquina Herramienta, las Consejerías de Industria y Educación del Gobierno Vasco, así como el Ayto de Elgoibar.

La universidad de Mondragón cumple una función parecida con relación al Grupo Cooperativo, extraordinariamente amplio. Pero cuando me refiero a fábricas de conocimiento me estoy refiriendo a un entramado de conocimiento que trasciende el ámbito universitario y que incluye Centros Tecnológicos públicos y privados, una oferta de Formación Profesional inicial y continua altamente especializada, Centros de Diseño de Producto, Laboratorios de calibración, calidad… un universo de conocimiento enlazado que hace que el territorio pueda competir globalmente, a la par que atraer inversiones.

Allí se pueden seguir estudios de formación profesional, formación continua y universitarios, todo ello en alternancia con las empresas del sector

¿Qué importancia tiene disponer de una universidad para atraer inversiones empresariales a un territorio?

Toda, bajo las condiciones expresadas en la pregunta anterior. Mucho más relativa cuando se trata de universidades de bajo impacto, muy generalistas y poco enriquecida con la clase de institucionalización del conocimiento a la que me he referido en la respuesta a la pregunta anterior, que es característica de los territorios con una economía altamente especializada y organizada en clúster.


ENTREVISTA POR CECILIA LLOP ESdeES

Espacios de Educación Superior está dirigido a poner en contacto a las personas e instituciones interesadas en la sociedad del aprendizaje en Iberoamérica y España.