“Estamos en plena transición. Las empresas están empezando a entender que ya no pueden ser meros receptores de talento solamente destinado a tareas repetitivas, sino que deben evolucionar hacia auténticos laboratorios de talento.”, según Blanca Travesí, cofundadora y COO de U4IMPACT.
Blanca Travesí Bugallo es cofundadora y COO de U4IMPACT, una iniciativa pionera que está transformando la conexión entre universidad, empresa y tercer sector a través de la integración de proyectos académicos con impacto real. Ingeniera biomédica formada en la Universidad Politécnica de Madrid y con especialización en innovación tecnológica en salud, ha sabido trasladar su perfil técnico al ámbito del emprendimiento educativo, construyendo un modelo que convierte los TFG y TFM en palancas de empleabilidad y transformación social. Su trayectoria destaca por la creación de ecosistemas de colaboración entre estudiantes y organizaciones —incluyendo grandes corporaciones y entidades sociales—, así como por su capacidad para liderar equipos, articular alianzas estratégicas y posicionar U4IMPACT como un referente en innovación educativa y talento joven con propósito.
¿Cómo están cambiando las empresas en cuanto a considerarse espacios de gestión del aprendizaje y del conocimiento?
Estamos en plena transición. Las empresas están empezando a entender que ya no pueden ser meros receptores de talento solamente destinado a tareas repetitivas, sino que deben evolucionar hacia auténticos laboratorios de talento.
En el contexto de la IA, y la digitalización, la ejecución mecánica está pasando de ser un activo a un freno para el crecimiento de las empresas. Por eso, la evolución lógica (y necesaria) de las organizaciones punteras es dejar de gestionar tareas para empezar a gestionar el conocimiento como un activo dinámico.
El valor diferencial ya no está en ‘hacer’, sino en el criterio humano para decidir qué hacer y por qué. Las empresas que liderarán el futuro son aquellas que ya están diseñando espacios donde sus equipos no solo operan, sino que resuelven fricciones reales y aportan ángulos innovadores que un algoritmo, por definición, no puede emular
El valor diferencial ya no está en ‘hacer’, sino en el criterio humano para decidir qué hacer y por qué
¿Cuál debería ser la relación entre el aprendizaje en el campus y en la empresa para un universitario?
La relación es muy clara, y cada vez más crítica: en el campus aprendemos las capacidades técnicas, hacemos nuestros primeros experimentos y la empresa debería ser ese primer gran campo de juegos, donde además de las capacidades técnicas aprendes otras capacidades que la universidad no tiene contempladas en su currículum, o en las que no se incide tanto: aprendes a hablar en lenguaje profesional, aprendes a gestionar clientes, proyectos.
Ninguno de los dos aprendizajes son prescindibles, sin el rigor técnico y académico de la universidad, tendríamos profesionales con cimientos tambaleantes, pero sin la aplicación que da la empresa, tendríamos a mucha gente muy formada que no da respuesta a las necesidades y retos del mercado, la sociedad o en definitiva el mundo.
Ninguno de los dos aprendizajes son prescindibles, sin el rigor técnico y académico de la universidad, tendríamos profesionales con cimientos tambaleantes, pero sin la aplicación que da la empresa, tendríamos a mucha gente muy formada que no da respuesta a las necesidades y retos del mercado, la sociedad o en definitiva el mundo
¿Puede haber aprendizaje separándolo de la realidad en la que se produce?
Puede existir, pero como diría Platón, solo en el mundo de las ideas. Yo puedo, como persona puedo aprender sobre historia, arte, matemáticas, literatura o ciencia.
Pero lo que hará que lo que aprendo pase de ser algo que memoricé a ser algo sobre lo que tenga un conocimiento, algo que pueda recordar en 10, 15 o 20 años, será el ser capaz de viendo la historia, reconocer patrones sociopolíticos, sabiendo de historia del arte, visitar un museo y ver las diferencias de estilos y artistas, usar mi conocimiento matemático para hacer finanzas o escribir buenos prompts de IA…
En definitiva, sí, se puede aprender, pero creo que si hablamos de conocimiento, es necesario “sacarlo a la calle” para que se fije.
Creo que si hablamos de conocimiento, es necesario ‘sacarlo a la calle’ para que se fije
¿Qué ventajas tiene para una empresa o entidad del tercer sector conocer a sus futuros trabajadores en el proceso de aprendizaje que suponen la realización de los TFG o TFM? ¿Valoran el potencial de innovación que supone su relación con los estudiantes universitarios?
La ventaja fundamental, y la más estratégica, es adelantarte a la guerra por el talento. En un mercado laboral donde las empresas compiten ferozmente por los mejores perfiles, el TFG/M te permite jugar con ventaja:
- Identificas antes que nadie: Tienes la oportunidad de detectar y evaluar a los mejores perfiles hasta 8 meses antes de que se gradúen. Mientras tu competencia espera a que estos alumnos suban su CV a portales de empleo o entren en procesos de selección masivos, tú ya llevas meses trabajando con ellos.
- Reduces el riesgo de contratación: Al colaborar en un proyecto real, no estás viendo a un candidato ‘vendiendo’ su mejor versión en una entrevista de 20 minutos; estás viendo a un profesional en formación gestionando la incertidumbre y resolviendo fricciones durante todo un semestre. Es, en esencia, una ‘prueba de trabajo’ de larga duración que convierte el reclutamiento en una decisión basada en datos reales, no en impresiones.
- Fidelización orgánica: Al involucrar al estudiante en un reto de la empresa desde la academia, generas un vínculo de pertenencia y propósito mucho más fuerte. Llegas a ellos antes de que el mercado los sature con ofertas.
¿Cuál es la disposición de las administraciones públicas para facilitar el aprendizaje de los a estudiantes en sus entornos?
La disposición es positiva, pero es necesario entender el trasfondo estratégico: las administraciones públicas hoy también tienen un problema de talento. Cada vez que un joven siente que no tiene oportunidades en su tierra y se va a otra ciudad, la administración pública se debilita. No solo pierde un ciudadano hoy; pierde un proyecto de vida entero, una familia y un motor económico que deja de estar vinculado a su territorio. Esto es lo que está alimentando el fenómeno de la España vaciada.
En España tenemos una paradoja: muchos jóvenes se van porque detectan una falta de oportunidades, pero esa falta de oportunidades no es real. En un país con un 97% de PYMEs distribuidas por toda nuestra geografía y un ecosistema emprendedor creciente, la oportunidad profesional puede estar literalmente a la vuelta de la esquina, pero el estudiante necesita ser capaz de verla.
Por eso, la disposición de las administraciones es buena: han entendido que facilitar el aprendizaje en entornos locales a través de proyectos como los TFG o TFM no solo es una cuestión educativa. Es una herramienta política y social para visibilizar su propio tejido empresarial. Al conectar al estudiante con una empresa de su entorno, la administración está fijando talento, fortaleciendo la economía local y demostrando que no es necesario emigrar para tener una carrera profesional de impacto.

¿Qué ventaja reporta a un estudiante realizar un TFG o TFM en un entorno laboral?
La ventaja es que el estudiante deja de hacer un trabajo para cumplir un trámite y empieza a construir su futuro profesional desde el aula. En U4IMPACT no solo ayudamos a terminar un grado; ayudamos a que el alumno dé el salto al mundo profesional con una empleabilidad un 240% superior a la media nacional.
Las ventajas tangibles que defendemos en nuestra nueva plataforma son:
- De la simulación al reto real: El estudiante deja de trabajar sobre hipótesis teóricas para resolver retos reales de empresas líderes como L’Oreal, Moeve o Galp. Esto le permite validar su capacidad técnica en un entorno de alta exigencia sin necesidad de dedicar más tiempo del que ya tenía previsto para su TFG/M.
- El TFG como Portfolio Profesional: Al finalizar, el alumno no tiene un PDF olvidado en un repositorio; tiene un primer portfolio profesional certificado. Puede decir ante un reclutador: ‘Ya he trabajado para empresas reales y he aportado soluciones con impacto’. Es pasar de ‘tener un título’ a ‘tener una experiencia profesional real’.
- Madurez y Confianza: Participar en un proceso de selección real y recibir acompañamiento de nuestras project managers durante el desarrollo del proyecto les da una confianza y una madurez que se nota en sus entrevistas posteriores.
Realizar un TFG con impacto laboral es la forma de que el talento joven demuestre que no solo tiene expedientes perfectos, o no necesita tenerlos, sino que tiene criterio, capacidad de ejecución y compromiso con los retos del mundo real
el esfuerzo que debe hacer una empresa para acercarse a la universidad es inmenso
¿Por qué hay dificultad para que todos los estudiantes puedan aprender en entornos laborales?
La dificultad no reside en una falta de voluntad, sino en una operativa que hoy resulta prohibitiva e ineficiente para todos los actores implicados. Por un lado, el esfuerzo que debe hacer una empresa para acercarse a la universidad es inmenso. No es fácil identificar retos internos y difundirlos de manera efectiva; el modelo tradicional de captación no es escalable. Para que una empresa tenga presencia hoy, a menudo debe invertir hasta 2.000€ en un stand de un solo día para una única facultad. Incluso para las corporates que pueden permitirse ese gasto, no es la manera más efectiva en coste y tiempo, ya que es una acción puntual y desconectada de la realidad del aula.
Además, existe una barrera de entrada invisible: la necesidad de contar con ‘contactos’ dentro. Para que una empresa logre entrar en una facultad y aterrizar proyectos reales, suele necesitar conocer a personas clave que faciliten esa introducción. Sin ese capital relacional, el acercamiento es lento y frustrante. En el otro lado, los coordinadores de grado sufren una sobrecarga burocrática tal que no tienen tiempo para gestionar estas relaciones, y la universidad pública no puede permitirse personal dedicado exclusivamente a aterrizar estos proyectos.
Esa es precisamente la motivación que nos llevó a crear U4IMPACT. Nacimos para ser ese puente que profesionaliza la conexión, eliminando la burocracia y la necesidad de contactos previos. Entendimos que esta relación es a menudo muy complicada para cada uno de los actores de forma aislada, pero se vuelve extremadamente operativa si se estandariza y se gestiona desde una sola plataforma. Queremos que cualquier estudiante, sin dedicar más tiempo del que ya tenía previsto , pueda convertir su TFG/M en una experiencia profesional real y en su primer activo de portfolio.
Ver que más de 500 estudiantes ya han pasado por esta experiencia con empresas como L’Oréal, Moeve o Galp , alcanzando una empleabilidad un 240% superior a la media nacional, confirma que nuestra visión era necesaria. No buscamos solo facilitar el aprendizaje, sino transformar una gestión que solía ser muy complicada en un motor de oportunidades estandarizado y de alto valor
La dificultad no reside en una falta de voluntad, sino en una operativa que hoy resulta prohibitiva e ineficiente
¿Cuáles son los principales requisitos para para la realización de un TFG o TFM en un ámbito laboral??
Cuando un estudiante se pregunta qué necesita para dar este salto, solemos resumirlo en tres pilares fundamentales que nada tienen que ver con el modelo tradicional de selección por notas.
En primer lugar, la coherencia académica: encontrar un proyecto que realmente encaje con tu titulación. No se trata de hacer ‘prácticas’ sin más, sino de resolver un reto donde tus conocimientos técnicos aporten un valor real. En segundo lugar, la validación académica: el tutor y la universidad siempre tienen que estar de acuerdo. Al final, no dejamos de hablar de un trabajo académico que será evaluado por un tribunal, por lo que la alineación entre los objetivos de la empresa y las exigencias de la guía docente es innegociable.
Y el tercer factor, que para nosotros en U4IMPACT es el más importante, es la motivación y la actitud profesional. Nosotros no filtramos por expedientes académicos de matrícula de honor; miramos a la persona, sus competencias blandas y su compromiso de hacer esa ‘milla extra’. Buscamos a ese estudiante que no solo quiere un aprobado, sino que tiene el hambre de ver su trabajo aplicado en una empresa.
Además, entra en juego la gestión de expectativas y tiempos. Es vital que el alumno tenga una disponibilidad que le permita encajar sus ritmos de estudio con los hitos de la empresa. Por eso nuestra plataforma es tan valiosa: estandarizamos esa relación para que el proceso sea sencillo y gratuito. Si el estudiante pone la motivación y el talento, nosotros ponemos el puente para que el TFG deje de ser un trámite y se convierta en su mejor carta de presentación laboral, alcanzando esa empleabilidad un 240% superior que ya hemos validado con más de 500 alumnos.

¿Qué demanda la empresa de una universidad para acoger a sus estudiantes? ¿Y a un estudiante?
Si analizamos qué pide una organización para abrir sus puertas al talento joven, las demandas se dividen en dos planos muy claros. Lo primero y más importante que una empresa pide a la universidad es darse a conocer entre los estudiantes; necesitan que los alumnos comprendan qué hacen y qué retos ofrecen de forma real mucho antes de graduarse. Junto a esto, exigen seguridad jurídica: un marco legal y administrativo que sea ágil y que no suponga un freno burocrático para la colaboración.
Sin embargo, cuando la empresa mira directamente al estudiante, sus prioridades se vuelven mucho más cualitativas. Por supuesto, dan por sentada la capacidad técnica (la formación que respalda su título), pero lo que realmente inclina la balanza es la alineación en valores y las competencias blandas (soft skills). Buscan personas que conecten con el propósito de la compañía y que demuestren proactividad, comunicación y capacidad de resolución de problemas en entornos reales.
Buscamos a ese alumno que está dispuesto a dar la ‘milla extra’ y, al hacerlo, logramos que la seguridad jurídica y el talento se encuentren sin fricciones. Los datos nos dan la razón: cuando estas piezas encajan, la satisfacción es de un 9,2 sobre 10 y la empleabilidad del estudiante se dispara un 240% por encima de la media. Porque, al final, la empresa no busca un expediente; busca un profesional que ya sepa cómo aportar valor en su cultura organizacional.
La empresa no busca un expediente; busca un profesional que ya sepa cómo aportar valor en su cultura organizacional
¿Se está abriendo una brecha entre los estudiantes de las universidades públicas y privadas debido a las condiciones de acceso a las prácticas externas en empresas?
¿Se está abriendo o siempre la ha habido?
Cuando hablas con alumnos que han elegido la privada, los mantras siempre se repiten: la eligen porque “al final te abre más puertas”, porque “sales colocado” o porque “la red de contactos no es la misma”. Es decir, la brecha no solo es operativa, es una brecha percibida que condiciona sus decisiones de futuro.
Más que hablar de si se está abriendo una brecha, creo que es más interesante analizar las misiones y limitaciones de cada institución. La universidad privada tiene la obligación de ofrecer un valor diferencial muy tangible para justificar la inversión del alumno, lo que suele traducirse en una gestión muy activa de convenios y oportunidades. Por el contrario, la universidad pública tiene una labor social mucho más extensa y menos independencia de gestión; no puede elegir impartir solo grados de alta empleabilidad porque su deber es generar conocimiento en todas las áreas.
Lo preocupante es que a las universidades públicas, en lugar de darles más autonomía para competir, se les imponen cada vez más límites. En ese sentido, la brecha sí se está agrandando. Por eso creemos que es tan necesario que existan puentes que no dependan del modelo de financiación de la facultad, ni de grandes acuerdos institucionales, ni de operativas que resulten carísimas en tiempo para el personal universitario. Porque las oportunidades profesionales, no deberían depender del logo de tu universidad, sino de tu talento y de tu capacidad real de generar impacto.
Lo preocupante es que a las universidades públicas, en lugar de darles más autonomía para competir, se les imponen cada vez más límites
¿Qué recorrido cree que tienen las menciones duales en los títulos oficiales en España?
Es difícil aventurarlo con precisión porque es un modelo que está empezando a dar sus primeros pasos, pero la intención es excelente. De hecho, el propósito de la mención dual está totalmente alineado con nuestra visión: integrar el aprendizaje teórico con la realidad del mercado de forma estructural.
Sin embargo, para que este recorrido sea exitoso y no se quede en una buena intención, es esencial que su implantación se acompañe de un marco normativo y administrativo muy sólido. No podemos permitir que la burocracia frene la innovación educativa. Necesitamos que existan facilidades reales para las empresas que decidan participar y, sobre todo, mucha flexibilidad para adaptar los ritmos académicos a los ritmos del negocio.
Si logramos simplificar esa operativa y que la colaboración sea fluida, el balance puede ser muy positivo. La mención dual tiene el potencial de profesionalizar el currículo del estudiante desde el primer día, pero su éxito dependerá de que las instituciones no vean a la empresa solo como un lugar de prácticas, sino como un co-formador del talento. Si conseguimos que esa relación sea ágil, estaremos cerrando por fin la brecha entre el aula y el mundo laboral.






