Un Espacio común y de integración académica debería conducir, en el mediano o largo plazo a la libre circulación de estudiantes, profesores, investigadores y staff de nuestras universidades. Es necesario el apoyo de los estados de ambas regiones para crear las condiciones institucionales que le den un marco a la cooperación académica y apoyen el dinamismo de las redes universitarias
RAFAEL ROSELLL AIQUEL
En pocos días más, la comunidad académica birregional, Iberoamérica, el Caribe y la Unión Europea nos encontraremos en un encuentro preparatorio en la Ciudad de San José como antesala de la VI Cumbre Académica que deberá llevarse a cabo en Colombia este año, junto con la IV reunión de los Jefes de Estado y de Gobierno birregional.
Recordemos que el Foro Académico Permanente, America Latina, el Caribe y la Unión Europea, -FAP ALC-UE- es una iniciativa de la comunidad académica de ambas regiones, como expresión de la voluntad de la sociedad civil académica, creado en Santiago de Chile en enero de 2013 durante la I Cumbre Académica, con la idea de generar un espacio común eurolatinoamericano y caribeño de educación superior, ciencia, tecnología e innovación.
El FAP ALC-UE incorporó por primera vez en el 2013 a la comunidad académica en las cumbres paralelas de la sociedad civil.
Al crearse las Cumbres Académicas, se logró incorporar a la Educación Superior en el Plan de Acción oficial de la II CELAC-UE en el 2015.
Lamentablemente en la resolución de 41 puntos que tiene la Declaración de la Cumbre UE-CELAC de 2023, no se mencionan las palabras “educación superior”. Lo que es claramente un retroceso.
Esperábamos que la III Reunión de CELAC-UE en Bruselas adoptara una decisión firme para impulsar decididamente el Espacio Común. No fue así.
Un Espacio común y de integración académica debería conducir, en el mediano o largo plazo a la libre circulación de estudiantes, profesores, investigadores y staff de nuestras universidades. Es necesario el apoyo de los estados de ambas regiones para crear las condiciones institucionales que le den un marco a la cooperación académica y apoyen el dinamismo de las redes universitarias.
Olvidan los gobiernos la densidad intelectual y científica que representan los más de 50 millones de estudiantes y 3 millones de profesores de la comunidad académica ALC-UE, que la constituyen en una fuerza estratégica como pilar de la asociación birregional.
¿Dónde deberíamos centrar nuestra mirada para lograr un resultado efectivo?
En la recuperación y reedescubrimiento de la comunidad de valores, que tenemos los países que conformamos este espacio birregional, ese reencuentro nos permitirá entender que lo básico de nuestra relación es invertir en educación y especialmente en educación superior.

Rafael Rosell Aiquel
Rector Universidad del Alba.






