Los límites de la libertad de opinión en los campus

Medialab Matadero

Los campus estadounidenses han sido escenarios de la polémica que suscita la tensión entre la sociedad inclusiva y la libertad de expresión. ¿Qué ocurre cuando las opiniones de un docente ofenden a un grupo de estudiantes? ¿Deben los equipos de gobierno establecer límites a la libertad de expresión? La encuesta que ha hecho la Knight Foundation en los campus estadounidenses arroja luz sobre este controvertido asunto.

PABLO ACOSTA

En un artículo anterior hemos hecho referencia a Scholars at Risk, red internacional que tiene como misión proteger a los docentes universitarios de los ataques a la libertad académica. Aquí nos referiremos no a la protección de los académicos en riesgo, sino a los riesgos que corren las libertades académicas en nuestro entorno.


El informe de Knight Foundation

Knight Foundation es una institución privada sin ánimo de lucro que tiene como misión la protección de las libertades recogidas en la Primera Enmienda a la Carta de Derechos de los Estados Unidos. Como es sabido, esta Enmienda protege la libertad religiosa, la de expresión, la de prensa y el derecho de reunión pacífica, además de garantizar que se pueda solicitar indemnización por daños causados por el gobierno. Knight Foundation ha publicado el informe titulado “Student Views on Free Expression and Campus Speech” en el que se retrata la evolución de la visión de los estudiantes estadounidenses sobre la libertad de expresión y el discurso en el campus.

Este informe es el cuarto de una serie de estudios de la Fundación Knight que miden las actitudes de los estudiantes universitarios hacia la libertad de discurso y la Primera Enmienda desde 2016. Para este informe, la Fundación Knight encargó a Ipsos que realizara un encuesta con una muestra representativa a nivel nacional de más de 1.000 estudiantes universitarios de 18 a 24 años inscritos en todo tipo de instituciones de educación superior, junto con 4.000 adultos estadounidenses. Los datos recabados ofrecen información sobre el grado de coincidencia o divergencia de las opiniones de los estudiantes universitarios sobre la libertad de expresión con las del público en general. Además de las encuestas de expresión del campus anteriores de Knight-Gallup (2016, 2017, 2019), Knight Foundation ha estudiado las opiniones sobre la libertad de expresión entre los estudiantes de secundaria desde 2004. Las tendencias en las actitudes de los estudiantes universitarios se incluyen a lo largo de este informe.

Hay una tensión indudable entre la sociedad de la inclusión y la libertad de discurso.

La libertad de expresión en los campus universitarios ha sido objeto de un escrutinio cada vez mayor en los últimos años, ya que una serie de incidentes en los campus han hecho que algunos teman que las instituciones puedan estar fomentando un entorno de libertad de expresión menos abierto, mientras que otros siguen más preocupados por cultivar un entorno seguro y un ambiente de aprendizaje inclusivo para todos los estudiantes, incluidas las minorías que han sido objeto de algún tipo de discriminación. Sin embargo, el informe subraya que, contrariamente a los temores sobre el creciente sentimiento contra la libertad de expresión en los campus universitarios, la mayoría de los estudiantes universitarios valoran mucho la libertad de expresión y lo ven como un activo de vital importancia para la democracia estadounidense. Cuando se les da la opción, la mayoría de los estudiantes dicen que preferirían que las universidades permitieran todo tipo de discurso en el campus en lugar de limitar el discurso para evitar que los ciudadanos escuchen un discurso ofensivo o tendencioso.

Sin embargo, aunque la libertad de expresión sigue siendo un valor preciado entre el alumnado, son menos los que creen que sus derechos de libertad de expresión están seguros en Estados Unidos hoy en día. Además, un número cada vez mayor dice que el clima de su campus impide que algunas personas digan cosas en las que creen porque otros pueden encontrarlo ofensivo, incluso cuando el número de estudiantes que favorecen que las universidades promulguen ciertas restricciones, como cancelar la participación de oradores controvertidos del campus o crear espacios seguros, se ha reducido.

Los datos más relevantes del informe

La mayoría de los estudiantes siguen estando de acuerdo en que la libertad de expresión es una de las piedras angulares del sistema político estadounidense, aunque su valoración ha descendido: si un 96% de ellos la consideraban importante para a democracia en 2019, en la encuesta de 2021 el porcentaje es del 84%. A pesar de enfatizar la importancia relativa de la libertad de expresión, cada vez menos estudiantes creen que este derecho fundamental esté asegurado en Estados Unidos hoy. La pregunta sobre la importancia en democracia de una sociedad inclusiva también desciende del 91% en 2019 al 73% en 2021.

En cuanto a la protección del derecho, sólo el 47% de los estudiantes creen que la libertad de discurso está asegurada, porcentaje que ha caído 26 puntos desde 2016. La confianza en el aseguramiento de la libertad de prensa también ha caído en el mismo periodo del 81% al 55%.

Se pregunta también a los estudiantes si consideran que la diversidad y la inclusión entran en conflicto con la libertad de expresión; un 76% respondía afirmativamente en 2019, porcentaje que se reduce al 66% en 2021. Similar porcentaje (65%) considera que impedir la difusión de información falsa puede entrar en conflicto con la libertad de expresión.

El informe pone de relieve la brecha racial en la confianza hacia la Primera Enmienda. Mientras que el 90% de los estudiantes blancos y el 82% de los hispanos se sienten protegidos por los derechos de la Primera Enmienda, sólo el 51% de los estudiantes negros piensan lo mismo.

El aprecio por la libertad de expresión ha descendido entre los estudiantes estadounidenses.

Desde el punto de vista de los destinatarios de la libertad de expresión, ha crecido el porcentaje de estudiantes que manifiestan haber sentido incomodidad por comentarios hechos en relación con su raza, etnia, religión, género y orientación sexual, les hayan sido directamente dirigidos o no, de un 25% en 2017 a un 34% en 2021. En consonancia, una creciente mayoría (54% en 2016, 65% en 2021) considera que el clima en su campus constriñe la libertad de expresión porque impide que las personas manifiesten opiniones que otros podrían considerar ofensivas. La consecuencia es que menos de la mitad (48%) de los estudiantes se sienten cómodos manifestando desacuerdo con el docente o con otros estudiantes.

En su evaluación de las políticas de las universidades en relación con la libertad de expresión, una minoría (22%) es partidaria de prohibir determinadas manifestaciones, mientras que la mayoría (59%) prefiere que las universidades permitan que los estudiantes estén expuestos a todo tipo de discursos, incluso si pueden encontrarlos ofensivos o tendenciosos. Un 17% no tiene opinión. Las manifestaciones concretas sobre las que se pregunta son: el uso de términos ofensivos para referirse a minorías, exhibir imágenes pornográficas en los dormitorios de las residencias, lucir en la ropa la bandera confederada, crear grupos de estudiantes que promueven la tenencia de armas, expresar ideas políticas molestas u ofensivas para ciertos grupos, repartir propaganda religiosa o mostrar carteles apoyando a un candidato presidencial.

¿Por qué es relevante la visión de los estudiantes estadounidenses?

Hay que interpretar los datos del informe en el contexto de la sociedad civil en la que los estudiantes se desenvuelven: Uno de cada tres (32 %) afirma haber participado en algún tipo de activismo durante el último año, ya sea participando en una manifestación, marcha o mitin; haberse puesto en contacto con un funcionario electo; asistido a una reunión pública; o donado a campañas o causas políticas. Por tanto, hablamos de estudiantes informados cuyas opiniones ponen de relieve la creciente tensión entre dos factores: la libertad de discurso y la protección de las minorías. Dado que vivimos en un mundo globalizado de culturas compartidas, no está de más fijarse en el caso estadounidense y en cómo puede traducirse en los campus españoles y de Iberoamérica.

Del informe se pueden extraer varias lecturas. La primera y más obvia: la libertad de expresión es un derecho presionado por factores como la corrección política, el lenguaje inclusivo, la cultura de la cancelación o el movimiento woke. Cada vez es más frecuente en nuestros campus el fenómeno de la autocensura: académicos que renuncian a investigar o divulgar resultados sobre materias especialmente sensibles (racismo, violencia, extremismos) por miedo a una reacción negativa en su entorno (en especial, en las redes sociales).

Cada vez son más quienes se autocensuran

Segunda lectura: la difusión de información falsa pone en peligro la libertad de expresión. Un 65% de los entrevistados cree que prevenir la difusión de información falsa puede entrar en conflicto con la libre expresión, lo que refleja preocupaciones sociales más amplias sobre la propagación de desinformación sobre las elecciones de 2020 y la pandemia de coronavirus, entre otros temas destacados. Tendríamos una sociedad más culta y mejor informada si no se colaran en el debate público las ideas de negacionistas, antivacunas y terraplanistas, las falsas noticias (fake news) y los bulos que contradicen cualquier evidencia científica. Sin embargo, limitar la difusión de estas falsedades exige un examen del caso concreto, impide el uso de categorías generales y supone un riesgo para la libertad de discurso.

Tercera lectura: la universidad es una institución que provee un servicio público, pero es también un espacio social que refleja la realidad de pensamiento de un país. Genera opinión pública y a la vez se ve influida por la opinión de estamentos no académicos. Por otra parte, todos los ámbitos de libertad merecen una protección sin la cual tienden a desaparecer; este es el fundamento de la democracia.

Hemos dicho en un post anterior que la libertad académica es un derecho humano reconocido en diferentes textos del Derecho Internacional que cuenta además con protección constitucional en nuestro sistema político. Sin embargo, la realidad obliga a modular el ejercicio de este derecho sin renunciar a su esencia.

Acabaron los tiempos, si es que existieron, en que la universidad ofrecía a estudiantes y profesores un espacio de libre opinión inmune a las influencias externas.


PABLO ACOSTA es Profesor de la Universidad Rey Juan Carlos

Espacios de Educación Superior está dirigido a poner en contacto a las personas e instituciones interesadas en la sociedad del aprendizaje en Iberoamérica y España.