La Universidad como biblioteca

Pablo Acosta

El laboratorio ciudadano de la Universidad de Alcalá persigue unos objetivos claros y transformadores: “Cooperar juntos para posibilitar un entorno más sostenible, igualitario y diverso. La comunidad universitaria y la ciudadanía integrando esfuerzos por un proyecto común. El CRAI Biblioteca como espacio dinamizador e integrador”

MARÍA DOLORES BALLESTEROS IBÁÑEZ


Centro de Recursos para el Aprendizaje y la Investigació

El Centro de Recursos para el Aprendizaje y la Investigación (CRAI) de la Universidad de Alcalá abrió sus puertas el 8 de septiembre de 2014. Situado en pleno centro de la ciudad de Alcalá en plena manzana cisneriana, al lado del edificio que alberga el Rectorado, sus más de 11.000 metros albergan un espacio flexible, susceptible de ser utilizado para diferentes fines, innovador e integrador con el objetivo de proporcionar apoyo al aprendizaje, a la docencia y a la investigación, pero también abierto al entorno privilegiado en el que se asienta.

El CRAI posibilitó la integración de las seis bibliotecas del campus ciudad de la Universidad de Alcalá: Arquitectura, Ciencias Económicas y Empresariales, Derecho, Filosofía y Letras, Filología y Documentación. También se ubicaron inicialmente en el edificio el Instituto de Ciencias de la Educación, el Servicio de Prácticas y Orientación Profesional y posteriormente la Escuela de Emprendimiento.

Después de más de siete años de apertura a la comunidad universitaria y a la ciudadanía con fines de aprendizaje, docencia e investigación, se consideraba necesario diseñar nuevos proyectos que permitieran dar un paso más hacia la integración con el entorno y en base a las nuevas necesidades y expectativas marcadas por la propia transformación social y cultural.

se consideraba necesario diseñar nuevos proyectos que permitieran dar un paso más hacia la integración con el entorno y en base a las nuevas necesidades y expectativas marcadas por la propia transformación social y cultural

La oportunidad surgió en el marco del programa “Laboratorios ciudadanos distribuidos: innovación ciudadana en bibliotecas y otras instituciones culturales”, impulsado por la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria del Ministerio de Cultura y Deporte y Medialab Prado (Desiderata El Notición, p. 22-23). Organizar un laboratorio ciudadano daría mayor visibilidad al CRAI y a la Biblioteca y proporcionaría un punto de encuentro innovador entre la comunidad universitaria y la ciudadanía, pero desde el principio se comprendió que el camino no sería fácil.

Primeros pasos

La Biblioteca de la Universidad de Alcalá (en adelante UAH) recibió una invitación en diciembre de 2020 desde la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria del Ministerio de Cultura y Deporte para participar en el taller “Bibliotecas universitarias y sociedad del aprendizaje, la universidad como laboratorio ciudadano”, que iba a celebrarse en ese mismo mes en colaboración con la Consejería de Ciencia, Universidades e Innovación de la Comunidad de Madrid y dentro del marco del programa ya mencionado. 

El Vicerrectorado de Investigación y Transferencia de la UAH de quién depende el Servicio de Biblioteca se mostró receptivo a la iniciativa y se aceptó la participación. Se formó un grupo heterogéneo formado por siete personas entre profesores, investigadores y personal de la biblioteca, algunos con experiencia previa en laboratorios de innovación: Rosa M. Gallego López, Ainara Cisneros Azpiazu, M. Dolores Pedrosa López, M. Pilar Lozano Jarque, Rosana Bravo Garrido, Lorena Serrano García , M. Luisa Santiago Urquijo, Marta Blas Agüeros y Gloria Torres Colmenarejo. Fundación Madri+d: Lorena Ruiz e Isabel Ochoa.

Había nacido el germen de la iniciativa que se desarrollaría posteriormente en el CRAI de la UAH.

¿qué sentido tiene un laboratorio ciudadano en una universidad?: dinamización e integración con el entorno, interdisciplinariedad y variedad generacional en los proyectos, transmisión bidireccional del conocimiento y universalidad de la ciencia, espacios abiertos, públicos y democráticos y conocimiento participativo y generado por todos/as.

El Taller resultó esclarecedor y durante la sesión se trabajó en el seno del equipo para contestar a varias preguntas que resultaban fundamentales para contextualizar y definir la propuesta. A una de ellas, “qué sentido tenía un laboratorio ciudadano en una universidad”, el grupo dio cinco razones principales que a la postre guiarían y darían sentido al proyecto: dinamización e integración con el entorno, interdisciplinariedad y variedad generacional en los proyectos, transmisión bidireccional del conocimiento y universalidad de la ciencia, espacios abiertos, públicos y democráticos y conocimiento participativo y generado por todo/as.

Seis razones

A la otra, “qué papel podía jugar la biblioteca”, se contestó dando seis razones principales: experiencia en la gestión de la información y del conocimiento, punto de encuentro de diversidad de usuario/as, integradora de espacios y tecnología para poder afrontar proyectos innovadores, espacio permeable de acceso universal, coordinadora de proyectos y grupos diversos y apoyo a la información y a la ciencia en abierto.

Por último, también se plasmaron una serie de dificultades que podían hacer complicado el camino: la rigidez del modelo universitario no facilita este tipo de iniciativas, aunque existen experiencias muy interesantes, evaluación del impacto y retorno de los proyectos que se lleven a cabo, limitación de recursos, principalmente económicos y humanos, y no ser conscientes de lo que se está generando y hasta dónde puede llegar la experiencia.

Pablo Acosta

Posteriormente al Taller, hubo reuniones internas diversas principalmente con el Vicerrectorado de Investigación y Transferencia para analizar posibilidades de realizar un proyecto piloto de laboratorio ciudadano organizado por el propio Vicerrectorado y el Servicio de Biblioteca. De suma importancia fue la convocatoria del Ministerio de Cultura y Medialab Prado del curso abierto online “Cómo montar un laboratorio ciudadano y construir redes de colaboración” dentro del programa ya mencionado “Laboratorios ciudadanos distribuidos” entre mayo y junio, al que asistieron tres personas del grupo inicial de la UAH y que resultó fundamental para conocer de cerca las posibilidades de esta iniciativa y sentar las bases y conocimientos básicos para la constitución de laboratorios ciudadanos, así como para dinamizar y potenciar la colaboración. 

Coordinación institucional

Si algo resultó fundamental en este momento inicial del recorrido hacia la organización de un laboratorio ciudadano, fue el apoyo de la Fundación Madri+d, entidad colaboradora del proyecto Laboratorios ciudadanos distribuidos, con un equipo de personas con gran conocimiento y experiencia en este tipo de iniciativas: Marcos García, Isabel Ochoa y Lorena Ruiz.  A la postre serían los tres paladines para hacer frente a cada etapa del laboratorio ciudadano de la UAH.

La segunda fase del curso suponía pasar a la práctica y organizar un laboratorio ciudadano. Esto implicaba tomar una decisión sobre la posibilidad de lanzarlo en la UAH para el último trimestre del año.

El Vicerrector de Investigación y la Directora del Servicio de Biblioteca analizaron si el proyecto podría cumplir con las expectativas iniciales, aun siendo conscientes de su dificultad, el desconocimiento de su alcance en toda su dimensión y la limitación de recursos que podrían dedicarse a su consecución.

Había tres cuestiones básicas sin las que no era posible embarcarse en este viaje. Una, el apoyo del equipo de gobierno de la Universidad, otra el asesoramiento de persona/s con experiencia, y por último, pero no por eso menos importante, contar con personal que quisiera colaborar

Sin embargo, hubo tres aspectos en los que desde un principio se focalizó la atención: por un lado, conseguir que la imagen del/de la ciudadano/a de Alcalá de Henares respecto al CRAI traspasara la de la biblioteca tradicional y el uso que se le permitía hacer como sala de lectura, por otro, proporcionar un espacio para compartir conocimiento entre la comunidad universitaria y la ciudadanía y enmarcarlo dentro de la ciencia ciudadana.

La valoración positiva marcó la decisión final y se cumplimentó el formulario de inscripción para la segunda fase del curso, con el firme propósito de organizar un laboratorio ciudadano en la UAH en el último trimestre del año. En el formulario se hizo constar la posible temática o lema en torno al cual podría desarrollarse: “Cooperando juntos para posibilitar un entorno más sostenible, igualitario y diverso. La comunidad universitaria y la ciudadanía integrando esfuerzos por un proyecto común. El CRAI Biblioteca como espacio dinamizador e integrador”.

CRAI Ciudadan@

Emprender el camino descendiendo a la práctica y organizar el laboratorio se presentaba una tarea ilusionante, innovadora e integradora, pero complicada.

Había tres cuestiones básicas sin las que no era posible embarcarse en este viaje. Una, el apoyo del equipo de gobierno de la Universidad, otra el asesoramiento de persona/s con experiencia, y por último, pero no por eso menos importante, contar con personal que quisiera colaborar y compartir sus conocimientos y habilidades para este proyecto.

Respecto a la primera, el Vicerrector de Investigación y Transferencia fue el apoyo necesario para informar, convencer y presentar los objetivos del proyecto. Fue también fundamental el apoyo y colaboración del Vicerrectorado de Políticas de Responsabilidad Social y Extensión Universitaria que a la postre, además, serviría como conexión fundamental con el Ayuntamiento de la ciudad, otro elemento clave.

La segunda llegó de la mano de la Fundación para el Conocimiento Madri+d y de Medialab Prado que pusieron a disposición de aquellas entidades que quisieran poner en marcha un laboratorio, dentro del programa “Laboratorios ciudadanos distribuidos: innovación ciudadana en bibliotecas y otras instituciones culturales”, un servicio de asesoramiento personalizado.

La tercera se afrontó desde el propio Servicio de Biblioteca que lideró el proyecto.  Para ello se pensó en formar un grupo de mejora, una herramienta que llevaba años funcionando muy bien en otros proyectos derivados de la estrategia y que permite compartir conocimientos y habilidades, enriquece y facilita el flujo de trabajo interno.

Desde la Dirección de la Biblioteca se informó a los mandos intermedios y se envió un correo electrónico a todo el personal explicando brevemente el proyecto y animando a la participación en un grupo de trabajo para su puesta en marcha, diseño y organización.   Un grupo que debería de ser heterogéneo, no superior a siete personas, que pudiera abordar el diseño del laboratorio, si al final, resulta posible.

Finalmente, el grupo de mejora del Servicio de Biblioteca, integrado por mandos intermedios y personal técnico y auxiliar, se constituyó con 9 personas, a las que habría que añadir las dos personas de la Fundación Madri+d. La supervisión y coordinación corrió a cargo del Vicerrector de Investigación, Dr. Javier de la Mata de la Mata


MARÍA DOLORES BALLESTEROS IBÁÑEZ, Directora del Servicio de Biblioteca de la Universidad de Alcalá

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