La gran mayoría del alumnado de FP superior (90%) ha utilizado IA generativa, pero con fines muy concretos: preparar trabajos, traducir textos o resumir apuntes. El uso es funcional, no transformador. En los niveles básicos y medios, la IA aún no ocupa un lugar central: se percibe como apoyo puntual, no como parte del proceso de aprendizaje. Además, persiste una brecha clara según el tipo de centro: los públicos muestran mayor uso, pero menos acceso a formación formal sobre IA. La desigualdad digital, lejos de reducirse, se reconfigura
MARTA CARRETERO NAVARRO
La irrupción de la inteligencia artificial generativa (IAGen) en las aulas de Formación Profesional (FP) en España se ha acelerado en los últimos años, pero poco se sabe con evidencia científica en torno a los usos y la percepción que está cobrando en el sistema educativo.
Así lo revela el informe pionero “La IA en la FP: oportunidades y riesgos”, que hemos publicado este mes de octubre desde Ayuda en Acción junto con el Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial del CSIC. o. El estudio revela que la IA no es una herramienta neutral: refleja decisiones políticas, intereses económicos y, sobre todo, valores. Por eso, el reto no está solo en adoptarla, sino en decidir para qué y para quién la adoptamos. Este estudio pone sobre la mesa una pregunta central: ¿estamos preparados para aprovechar el potencial de la IA sin reproducir desigualdades?
La investigación pone de manifiesto la paradoja actual: mientras el discurso sobre IA crece exponencialmente, las evidencias científicas en el ámbito de la FP son todavía limitadas. Los debates se polarizan entre la fascinación tecnológica y el miedo a la sustitución humana, dejando poco espacio para la reflexión crítica basada en datos. Frente a ello, este estudio da un paso decisivo: escuchar a quienes viven la FP desde dentro —profesorado y alumnado— para comprender cómo la IA ya está reconfigurando su experiencia educativa.
Este estudio pone sobre la mesa una pregunta central: ¿estamos preparados para aprovechar el potencial de la IA sin reproducir desigualdades?
El 60% del profesorado ha experimentado con herramientas como ChatGPT, utilizándolas sobre todo para diseñar materiales, rúbricas o exámenes. Pero más allá del uso instrumental, emerge una preocupación profunda: la necesidad de formación crítica y pedagógica sobre IA. Ocho de cada diez docentes reconocen que deben aprender a utilizarla, no solo como recurso técnico, sino como parte de su identidad profesional. La IA no sustituye su papel: lo redefine. Le obliga a repensar su rol como guía, intérprete y filtro ético de la información.
La gran mayoría del alumnado de FP superior (90%) ha utilizado IA generativa, pero con fines muy concretos: preparar trabajos, traducir textos o resumir apuntes. El uso es funcional, no transformador. En los niveles básicos y medios, la IA aún no ocupa un lugar central: se percibe como apoyo puntual, no como parte del proceso de aprendizaje. Además, persiste una brecha clara según el tipo de centro: los públicos muestran mayor uso, pero menos acceso a formación formal sobre IA. La desigualdad digital, lejos de reducirse, se reconfigura.
La IA no sustituye su papel: lo redefine. Le obliga a repensar su rol como guía, intérprete y filtro ético de la información
Otro de los hallazgos más reveladores es la resistencia del alumnado a sustituir el consejo humano por sistemas automatizados. Casi la mitad considera improbable usar IA para orientación académica o profesional, prefiriendo recurrir a docentes, amistades o familiares. Este dato recuerda que la educación no se reduce a procesar información, sino a construir sentido. La IA puede ayudar a organizar datos, pero no reemplaza la empatía, la intuición ni el vínculo que da sentido al acompañamiento educativo.
El informe propone principios para avanzar hacia una IA responsable: subordinarla a los objetivos educativos, fomentar el pensamiento crítico, garantizar equidad en el acceso, invertir en formación docente y establecer mecanismos de supervisión ética y legal.
Una IA bien integrada puede transformar la FP, pero sin formación, supervisión y criterios pedagógicos claros, corre el riesgo de convertirse en un obstáculo más que en una oportunidad. La educación no puede delegar en algoritmos decisiones sensibles: el futuro de la FP depende de que la inteligencia artificial acompañe, y no reemplace, la mirada crítica de docentes y estudiantes.

Marta Carretero Navarro,
Responsable del área de Estudios de Ayuda en Acción y Phd por la Universidad Complutense de Madrid






