|
¿Está la universidad llegando tarde a la digitalización, o ya es demasiado tarde para una universidad que ha sido digitalizada, sin haberse dado cuenta, por las grandes corporaciones tecnológicas? ¿Hay todavía tiempo para pensar qué universidad queremos, o el futuro ya está escrito y ha sido decidido en las salas de juntas de las grandes empresas?
Hace dos años, el repentino y obligado cierre de las instituciones educativas nos mostró, en toda su crudeza, la fragilidad de éstas en términos de digitalización, pero también desarticuló las poca resistencia que aún quedaba a un proceso que ya hemos naturalizado y parece imparable. El confinamiento hizo visibles múltiples desafíos que en las últimas décadas no habíamos querido abordar, o simplemente habíamos cerrado en falso. Mientras la universidad eludía un debate que hace años era ya urgente, los procesos de digitalización, plataformización, datificación, cuantificación, estandarización, pérdida de diversidad biocultural y epistémica, deshumanización de las aulas, así como las dinámicas de privatización, monetización de los datos, incremento de la desigualdad y concentración de poder han seguido produciéndose. En marzo de 2020 venció el solucionismo tecnológico.
Desde entonces, todo se ha acelerado. La incorporación de la tecnología se ha producido en general de manera acrítica, ignorando la angulosa historia de la tecnología educativa, no cuestionando su supuesta neutralidad, ni teniendo en cuenta las complejidades sociales, políticas, económicas y culturales. Para algunos la situación puede ser ya irreversible. Es solo cuestión de tiempo que caiga el último bastión de la acreditación.
No se trata de dar la espalda a la tecnología. Ya no es posible. Hace tiempo que dejó de ser un paquete de herramientas para convertirse en un poderoso sistema social y simbólico que nos configura. Parece necesario desarrollar nuevos enfoques radicalmente diferentes sobre cómo se diseñan y despliegan las tecnologías en educación alejados de la acumulación irreflexiva. ¿Queda alguna esperanza?
|