La FP de Grado Superior: el desafío de la renovación en una escena cambiante

Almagro. Ciudad Real. AGHM

La Formación Profesional, y no solo la de Grado Superior, está sometida a la exigencia de una renovación continua en varias líneas: la del mercado laboral, la de los avances en tecnología y la de la necesaria adaptación a nuevos perfiles de alumnado. Estos desafíos deben convivir con la absoluta necesidad de que, al margen de los insoslayables saberes prácticos, el alumnado reciba una formación académica de nivel que le dote de una base sólida sobre la que cimentar una futura carrera profesional y le predisponga a asumir los previsibles cambios y desafíos que se le irán planteando a lo largo de su vida laboral. Pero la nueva Ley de Formación Profesional no ha ido en esa línea y, por el contrario, promueve otra que supone no un avance sino una involución a la que nadie, al parecer, quiere dar respuesta y batalla.

MANUEL LÓPEZ VILLEGAS


Desmitificando la Relación entre Formación Profesional y Universidad

Hace unos días, en este mismo espacio, se publicó un artículo en el que se analizaban las relaciones entre la Formación Profesional y la Universidad. Se trataba de un texto en el que se contemplaba la FP como una suerte de puente, un lugar de paso, hacia una formación más completa: la universitaria. Es esta una visión sesgada, y diría que incluso dolorosa, de la Formación Profesional. En ninguna de las líneas del artículo se decía que ese viaje – el mismo que le daba título- no es de dirección única, sino doble. Es cierto que se reconocía la posibilidad de un tránsito inverso, pero el texto en cuestión no exploraba esa opción.

No se explicaba que, desde hace muchos años, recibimos en las aulas y enseñanzas de FP un alto número de alumnos y alumnas que llegan buscando unas respuestas formativas y laborales que la Universidad, en sus titulaciones de grado o máster, ha sido incapaz de darles. En lugar de eso el artículo caía en viejos clichés que, supongo, han alimentado la nueva ley de Formación Profesional que amenaza con deshacer parte de los logros alcanzados en los últimos 30 años.

La Formación Profesional, y no solo la de Grado Superior, está sometida a la exigencia de una renovación continua en varias líneas: la del mercado laboral, la de los avances en tecnología y la de la necesaria adaptación a nuevos perfiles de alumnado. Estos desafíos deben convivir con la absoluta necesidad de que, al margen de los insoslayables saberes prácticos, el alumnado reciba una formación académica de nivel que le dote de una base sólida sobre la que cimentar una futura carrera profesional y le predisponga a asumir los previsibles cambios y desafíos que se le irán planteando a lo largo de su vida laboral. Pero la nueva Ley de Formación Profesional no ha ido en esa línea y, por el contrario, promueve otra que supone no un avance sino una involución a la que nadie, al parecer, quiere dar respuesta y batalla.

La Formación Profesional, y no solo la de Grado Superior, está sometida a la exigencia de una renovación continua en varias líneas: la del mercado laboral, la de los avances en tecnología y la de la necesaria adaptación a nuevos perfiles de alumnado

Sobre la Nueva Ley de Formación Profesional

Se vende y se explica como un camino sin retorno hacia una formación profesional dual, pero el propio término es engañoso, pues la FP ya es dual en su actual modelo y desde hace casi tres décadas, ya que el alumno realiza una parte de su formación en la empresa. Esa nueva dualidad a la que hace referencia la ley no supone más que un aumento de las horas de prácticas en la empresa en detrimento de las horas de formación académica. Es decir, una vuelta a viejos modelos de épocas muy pretéritas.

Se argumenta que es necesario ir en esa dirección para parecernos más a países del centro y norte de Europa, al parecer más efectivos en cuanto a empleabilidad de sus titulados de formación profesional, pero se ignora en esa argumentación que cuando nuestros alumnos van a realizar las prácticas, el módulo de FCT, en algunos de esos países, pongamos por caso Alemania -país que siempre se cita como ejemplar en este aspecto-, la sorpresa de la empresa que los recibe es mayúscula, pues los considera, en general, con una formación más completa que la del alumnado propio.

No está pues el problema en la formación que recibe actualmente nuestro alumnado (siempre mejorable, en eso estamos todos de acuerdo), sino en que no podemos, ni debemos, intentar copiar modelos de países con realidades, tipos y mentalidades de empresa distintas. Si muchos de nuestros alumnos y alumnas no consiguen trabajo al acabar sus prácticas no es porque su formación no sea la correcta o suficiente, sino porque no existe para las empresas un sistema que facilite su contratación.

la FP ya es dual en su actual modelo y desde hace casi tres décadas, ya que el alumno realiza una parte de su formación en la empresa

Es habitual que al acabar el módulo de FCT la empresa solicite que el alumno/a pueda continuar en la misma durante el verano. Se le dice siempre que esa fórmula no es posible, pues no existen unas prácticas extendidas y se le invita a que le haga un contrato, bien en prácticas o bien en otra modalidad. Esa fórmula es rechazada por muchas empresas que ven que pueden conseguir personal de sustitución por otras vías y sin recurrir a esos contratos iniciales. Luego no es un problema de formación sino de mentalidad empresarial y de amparo legal.

Críticas a la Nueva Ley de Formación Profesional

La nueva ley de FP no soluciona este problema, es más, lo agrava, al tiempo que priva al alumnado de horas de formación académica. Recordemos que en el modelo actual el número total de horas de formación en centros de trabajo supone aproximadamente el 18,5%  del total de horas de formación del alumnado, mientras que la nueva ley señala un mínimo del 25% que puede llegar a superar el 35%, esto supondría la pérdida de un trimestre completo de formación académica. Lo dicho, la vuelta a modelos antiguos.

Debemos pues hacer frente no solo a los desafíos antes citados, sino también a los planteados por la nueva ley que, incluso en sus instrucciones para la elaboración de las programaciones didácticas y los consiguientes criterios de calificación, parece más diseñada por una IA en fase de aprendizaje que por personas conscientes de la vida en las aulas y las relaciones con las empresas y el mercado laboral. Un catálogo de antipedagogía y falta de sentido común que pretende convertir al docente en mero burócrata que gestiona contenidos y calificaciones como el que realiza un balance contable.

Serán, como siempre, los docentes los encargados de intentar aplicar la nueva ley adaptándola al entorno real y a las necesidades, intereses e inquietudes del alumnado. Ese es el desafío.

La necesaria renovación promovida por la tecnología, el avance de la Inteligencia Artificial, los nuevos modelos de empresa y las nuevas formas de relación interpersonales, deberían haber sido asumidas por la administración como un desafío de futuro, una mirada hacia adelante, y no como una vuelta al pasado. Serán, como siempre, los docentes los encargados de intentar aplicar la nueva ley adaptándola al entorno real y a las necesidades, intereses e inquietudes del alumnado. Ese es el desafío.


MANUEL LÓPEZ VILLEGAS

Doctor en Ciencias de la Información por la UCM

Catedrático en Procesos y Medios de Comunicación en Enseñanza Secundaria (Formación Profesional)

Comité Científico y Editorial del Archivo de la Frontera/Fundación CEDCS

Espacios de Educación Superior está dirigido a poner en contacto a las personas e instituciones interesadas en la sociedad del aprendizaje en Iberoamérica y España.