«Hacer ciudad desde la Universidad»

Wynwood no es un edificio, tampoco una suma de edificios, es un detonante basado en la acupuntura urbana, con intervención predio a predio, que afecta, definitivamente, un barrio completo y su calle. La actuación no se puede concebir ni puede existir sin el barrio y sus elementos de conexión y circulación, y una vez se implanten todos los edificios y comiencen a ser vividos, el barrio tampoco se podrá imaginar sin ellos

JUAN MANUEL MEDINA DEL RÍO Y MARTA GUERRERO JUAREZ


Sobre mirar la ciudad

Mirar la ciudad es un acto sensible de responsabilidad. Sumida en sus devenires históricos, la ciudad y sus lugares, esos que caminamos y visitamos cada día, parecen inmutables en nuestra memoria y, sin embargo, se encuentran en constante transformación. El mestizaje del espacio público, como cualquier mezcla, es siempre una oportunidad y, saber ver las oportunidades de cambio es una cualidad que convierte las acciones en detonantes.

Este artículo habla de un detonante, una mirada inteligente a un “no lugar”, una frontera difusa, sin identidad propia, como germen de una oportunidad de regeneración física y social sin gentrificación.

Sobre la escala, los sistemas y los barrios.

El estudio de la ciudad es una cuestión que han tratado sistemáticamente historiadores, geógrafos y arqueólogos, así como también arquitectos, y coincide ampliamente, como decía Monestiroli, “con la historia de los hombres siendo testimonio de las diferentes formas de su “estar” en la ciudad y sobre el territorio”. Las escalas y los sistemas que nos arroja la ciudad son inabarcables para el pensamiento deductivo y debe ser a través del pensamiento sistémico como somos capaces de entender, por trozos, estructuras homogéneas de ciudad, los barrios.

La escala del barrio, si bien contiene una complejidad manifiesta, a su vez define características homogéneas compartidas por sus habitantes que son los que, a lo largo del tiempo, le dotan de identidad. Los hitos del barrio; las canchas, las plazas, los juegos de los niños… todos esos lugares se convierten, en el imaginario de los habitantes, en la identidad del barrio. El nombre de este adquiere sentido cuando se asocia a sus lugares emblemáticos, que a veces son, sencillamente, una esquina, un árbol o hasta un sencillo banco. En esa escala es en la que se puede actuar, en la que se puede identificar e incidir para atender al sistema complejo de vida de su interior e intentar mejorarlo.

Las escalas y los sistemas que nos arroja la ciudad son inabarcables para el pensamiento deductivo y debe ser a través del pensamiento sistémico como somos capaces de entender, por trozos, estructuras homogéneas de ciudad, los barrios

Los barrios, como cualquier ser vivo afectado por el tiempo, puede llegar a perder su identidad. Cuando el juego de niños desaparece, el banco es retirado, la arquitectura se deteriora o las personas olvidan el valor que el lugar tuvo, este pierde su nombre y, en el caso de Fuencarral y, en concreto, de una pequeña franja homogénea de su espacio industrial, esto ocurrió hace tiempo.

Situado al norte del barrio de Begoña y al sur del pueblo de Fuencarral, se encuentra un barrio industrial que algún día perdió su memoria colectiva. La suma de industrias ligeras de bajo impacto y de arquitecturas indeterminadas lega un escaso espacio público tomado por los coches que se suben a unas aceras de calles vacías. Tan sólo el horario de trabajo dota de personas los edificios, que no las calles, en un tránsito estacionario indeterminado que genera, a la vez, momentos de seguridad con otros de inseguridad. Ese tramo homogéneo de barrio no tiene nombre, y por ello se llama coloquialmente “el área industrial detrás del Ramón y Cajal”.

Sobre los detonantes. Nombrar un lugar.

La ciudad requiere de detonantes. Acciones pretendidas que actúan sobre las válvulas de los sistemas y que convierten bucles negativos en bucles positivos. Esas acciones efectivas sirven de semilla para cambios en el barrio y, si son inteligentes, pueden cambiar para siempre una parte de la ciudad latente e inerte.

En el caso de nuestro barrio, “el área industrial detrás del Ramón y Cajal”, fue un actor privado el que, con una inteligente mirada, sembró un detonante arquitectónico asociado al “uso” como germen de un movimiento que pretende dotar de vida un “brownfield”[1]. Sencillamente, le pusieron un nombre al barrio; le llamaron Wynwood.

Nuestros protagonistas, Juan Pepa y Felipe Morenés, se dispusieron para “cultivar en un desierto hasta hacerlo verde[2], proponiendo una nueva identidad a este olvidado lugar. Un uso ligado a “ciencias de la vida”, como ellos mismos denominan, y que, en el caso de este barrio, pretende ser una célula de vida universitaria con residencias de estudiantes y usos relacionados con vivir y aprender en la edad adulta. Ese fue el reto y el detonante planteado.

La ciudad requiere de detonantes. Acciones pretendidas que actúan sobre las válvulas de los sistemas y que convierten bucles negativos en bucles positivos

Tendemos a pensar que las grandes intervenciones urbanas surgen desde acercamientos teóricos y “de escuela”, y que son imposibles sin una intervención oficial y administrativa. En este caso, una iniciativa privada con un sueño, unido a “gente de acción” con la voluntad de llevar a término las ideas del papel a la realidad en un tiempo increíblemente corto ha conseguido arrancar Wynwood. La visión de Juan y Felipe, y de todo el equipo de Stoneshield, es una clara muestra de ello.

Sobre la calle como pasillo.

Cuando a nuestro estudio (Touza Arquitectos), nos llegó la preciosa empresa de hacer real la idea nos planteamos el reto de “nombrar” y “re identificar” un barrio, como un ejercicio de mirada múltiple que, como no podía ser de otro modo, arranca desde sus edificios.

Los edificios diseñados son contenedores de actividad estudiantil y de usos universitarios que, a nivel individual, mejoran la imagen de un barrio carente de valor formal y arquitectónico, embelleciendo sus calles. Pequeñas actuaciones, tranquilas y elegantes, que se separan de los linderos y rescatan los fondos de parcela, generando pequeñas zonas verdes de oxigenación y esponjamiento que favorecen el encuentro y el soleamiento de sus calles.

Sin embargo, el aspecto realmente interesante y que genera más impacto, procede de relacionar estas actuaciones de “acupuntura urbana” con los elementos de conexión del barrio en que se desarrolla. El proyecto completo plantea un conjunto de edificios individuales con distintos usos interconectados, a los que todos los residentes pueden acceder, independientemente de cuál sea la residencia en que se alojen.

Los edificios diseñados son contenedores de actividad estudiantil y de usos universitarios que, a nivel individual, mejoran la imagen de un barrio carente de valor formal y arquitectónico, embelleciendo sus calles

Calle como Vínculo

De esta manera, se plantea la calle como espacio de distribución de una pequeña “ciudad universitaria”. La calle se convierte en el corredor de los edificios, que, como extensión de lo privado, difumina los límites entre el dentro y el fuera. Esta calle entra a formar parte, de algún modo, de los edificios y se convierte ahora en un espacio que más que ser de paso, es un lugar casi vivido, en el que se comparten momentos de relación y encuentro entre todos los residentes.

Esto se extiende también a la distancia existente entre los distintos edificios y, por tanto, también entre los usuarios de los mismos. El hecho de salir de la residencia propia y recorrer el barrio, genera un sentimiento de pertenencia y de apego hacia un lugar, que quizá únicamente pudiera ser de paso por lo temporal de la estancia. Imaginamos que alguien recordará el local por el que pasaba para ir al gimnasio, la cafetería en la que desayunaba de camino a la facultad, el parque en el que quedaba con los amigos, a mitad de camino entre un lugar y otro.

De ese modo, el proyecto Wynwood trasciende del propio valor arquitectónico o urbanístico, invadiendo, indefectiblemente, el ámbito social. El movimiento de estudiantes como colectivo homogéneo, no solo genera relaciones entre ellos que, de otro modo, seguramente no se producirían, sino que, a su vez, fomenta la interrelación de estos estudiantes con las personas que habitaban hoy día el barrio, generando una nueva mezcla social de ciclos de permanencia no estacionarios y de mixtura deseable.

el proyecto Wynwood trasciende del propio valor arquitectónico o urbanístico, invadiendo, indefectiblemente, el ámbito social

Sobre la hipótesis.

no es un edificio, tampoco una suma de edificios, es un detonante basado en la acupuntura urbana, con intervención predio a predio, que afecta, definitivamente, un barrio completo y su calle. La actuación no se puede concebir ni puede existir sin el barrio y sus elementos de conexión y circulación, y una vez se implanten todos los edificios y comiencen a ser vividos, el barrio tampoco se podrá imaginar sin ellos.


[1] brownfield potential to promote urban renaissance (Ingram & Brandt, 2013)

[2] https://www.elconfidencial.com/inmobiliario/inversiones-alternativas/2023-09-06/entrevista-inmobiliario-felipe-morenes-juan-pepa_3729731/


JUAN MANUEL MEDINA DEL RÍO

Arquitecto en Touza Arquitectos

MARTA GUERRERO JUAREZ

Arquitecta en Touza Arquitectos

Espacios de Educación Superior está dirigido a poner en contacto a las personas e instituciones interesadas en la sociedad del aprendizaje en Iberoamérica y España.