Profesorado y estudiantado: coproduciendo conocimiento para transformar la sociedad

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Mientras tanto, lo más razonable es caer en la cuenta de que «como educadores, es nuestra responsabilidad guiar a los alumnos hacia un camino de autodescubrimiento y aprendizaje. Si adoptamos el aprendizaje dirigido por los alumnos, podemos ayudarles a desarrollar las habilidades y los conocimientos que necesitan para triunfar tanto dentro como fuera del aula. Así pues, empecemos hoy mismo a capacitar a nuestros alumnos y veamos cómo toman las riendas de su aprendizaje. Dé el primer paso para implantar el aprendizaje dirigido por el alumno y sea testigo del impacto positivo que puede tener en sus estudiantes». Coproducir conocimiento y transformar la sociedad creando una Universidad entre todos y para todos.

JOAQUÍN RODRÍGUEZ


El desafío de colocar a los estudiantes en el centro de la Educación Universitaria

¿De quién es la universidad? ¿De las administraciones públicas que la sufragan, en el caso de que sean de su titularidad? ¿De los inversores que la sostienen, en el caso de que se trate de iniciativas privadas? ¿De sus órganos gestores, sean cuales sean? ¿De su cúpula académica directiva? ¿Del claustro de profesores que se encarga de la administración e impartición del contenido curricular? ¿De los patronatos que aconsejar y asesoran sobre su debido funcionamiento? ¿Del personal de administración y servicios que soporta, con su trabajo, el funcionamiento de la institución? ¿De las empresas u organismos que la circundan y le prestan soporte para engarzarla con la realidad?

Probablemente de todos un poco. En esa relación de propietarios y patrones no suelen figurar, sin embargo, quienes son a menudo invocados como centro de la acción pedagógica, de la educación: los alumnos. En todo caso suelen ser tratados como clientes, como usuarios, como consumidores, pero no como cogestores, coproductores o codecididores. El 10% de representantes del estudiantado que debe formar parte del Consejo de Gobierno de las universidades supone una loable iniciativa estipulada en la Ley Orgánica 2/2023, de 22 de marzo, del Sistema Universitario, pero me atrevería a afirmar que esa medida no garantiza modificaciones sustanciales en todas aquellas dimensiones en las que la planificación compartida y la producción participativa de conocimiento deberían coexistir.

La vertiente pedagógica es, seguramente, aquella a la que más se apela y aquella que menos se cumple: ¿cómo podríamos poner en el centro a los alumnos si apenas se tienen en cuenta cuáles son sus intereses, cuáles son sus inquietudes, cuáles sus predilecciones? ¿por qué no se diseña el currículum teniendo en cuenta cuáles son sus afanes y sus empeños? ¿por qué no diseñar todo su proceso de aprendizaje vinculándolo con objetivos y retos reales que les obliguen a cobrar plena conciencia de su responsabilidad y poder de intervención? ¿por qué no se negocian cuáles son sus objetivos e, incluso, cuáles los criterios mediante los cuales se les evaluará? ¿por qué no se les insta desde el primer momento a asumir un rol de liderazgo en su proceso de aprendizaje, abandonando toda la inercia colegial que tiende al desentendimiento y el desapego? ¿por qué no convertirles en agentes protagonistas de su propio proceso de aprendizaje en todas y cada una de las acciones que lo jalonan, sean la selección de objetivos y retos, las situaciones de evaluación cooperativa, incluso las jornadas de comunicación y puertas abiertas o la gestión de las redes sociales corporativas?

¿Cómo podríamos poner en el centro a los alumnos si apenas se tienen en cuenta cuáles son sus intereses, cuáles son sus inquietudes, cuáles sus predilecciones?

La Necesidad de Reconocer la Agencia de los Estudiantes en la Enseñanza Universitaria

No parece que quepa invocar la implicación de los estudiantes sin que se integren activamente en todos los órdenes del proceso de enseñanza y aprendizaje, de la representación y la comunicación, sin que asuman un protagonismo que sufre las resistencias y retardos propios de un orden escolar anquilosado que teme perder el control, que teme que se subviertan las jerarquías tradicionales. Es tan grande el miedo al desorden que pueda provocar en el aula un modelo de gestión participativo como la desconfianza respecto a la responsabilidad efectiva que puedan asumir los estudiantes, por no mencionar la intranquilidad que pueda provocar la aparente disolución y mezcla de roles tradicionalmente separados.

Pero, ¿no sería precisamente el reconocimiento de la agencia de los estudiantes lo que debería ser la norma y no la excepción y lo que condujera a un rediseño profundo de las suposiciones en las que se basa la enseñanza tradicional? ¿no sería ese reconocimiento el detonante de un proceso que llevara a que los alumnos tuvieran que desarrollar toda su creatividad e independencia de juicio y pensamiento, más allá de la cortedad e inutilidad de las medidas disciplinarias? ¿no quedaría desarmada de ese modo cualquier coartada que apelara al desinterés, la inactividad o el desapego?

Y no se trataría, solamente, de generar espacios de aparente participación para incrementar el sentido de pertenencia, como tantas universidades tratan de hacer creando clubes de diversa naturaleza, asociaciones de distinto tipo o bases de datos de alumni a los que se les pueda recordar el paso por sus instalaciones avivando una llama apagad. El resultado puede ser el mismo pero el sentido de pertenencia que pretende generarse es el que resulta del sentimiento de responsabilidad y objetivos compartidos, de la evidencia derivada de la gestión conjunta de fines y propósitos.

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Hacia un modelo de participación activa de los estudiantes en la Universidad

Como la mayoría de los círculos, este puede tender hacia el vicio o hacia la virtud: si la institución universitaria sigue reconociendo de manera casi exclusivamente formal la participación de los estudiantes, con pequeñas cuotas de representación en algunos de sus órganos de gobierno pero sin su implicación real en los procesos que más importan, las cosas tenderán a reproducirse y perpetuarse tal como las conocemos; si los establecimientos de educación superior tienen el coraje de intervenir a nivel institucional, curricular e instrumental para que profesores y estudiantes generen juntos el conocimiento necesario para transformar productivamente la sociedad en la que habitan, las cosas cambiarán de tal manera que se desencadenarán energías creativas hasta este momento paralizadas, dilapidadas.

El next normal, la próxima o siguiente situación de normalidad académica, debería ser la de la implicación regular de los alumnos en todos los niveles institucionales y en todas las dinámicas académicas que atraviesan la universidad. Lo contrario, amparándose en la excusa del desconocimiento o del rigor académico, no son más que pretextos.

La Asociación Espacios de Educación Superior organizó el pasado sábado 9 de marzo un taller al que estuvieron invitados alumnos, representantes de las asociaciones universitarias de estudiantes, profesores y autoridades académicas con el fin, precisamente, de replantearse de manera colaborativa la manera y el modo en que las Universidades deberían abrirse a un modelo de diseño, creación, evaluación, progreso y comunicación compartidos. Tanto el Manifiesto que se derivó de su celebración como el relato de la jornada, serán publicados próximamente en esta misma web.

Si adoptamos el aprendizaje dirigido por los alumnos, podemos ayudarles a desarrollar las habilidades y los conocimientos que necesitan para triunfar tanto dentro como fuera del aula

Mientras tanto, lo más razonable es caer en la cuenta de que «como educadores, es nuestra responsabilidad guiar a los alumnos hacia un camino de autodescubrimiento y aprendizaje. Si adoptamos el aprendizaje dirigido por los alumnos, podemos ayudarles a desarrollar las habilidades y los conocimientos que necesitan para triunfar tanto dentro como fuera del aula. Así pues, empecemos hoy mismo a capacitar a nuestros alumnos y veamos cómo toman las riendas de su aprendizaje. Dé el primer paso para implantar el aprendizaje dirigido por el alumno y sea testigo del impacto positivo que puede tener en sus estudiantes». Coproducir conocimiento y transformar la sociedad creando una Universidad entre todos y para todos.


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JOAQUÍN RODRÍGUEZ

Espacios de Educación Superior

Espacios de Educación Superior está dirigido a poner en contacto a las personas e instituciones interesadas en la sociedad del aprendizaje en Iberoamérica y España.