La crisis de la lectura en la universidad actual es evidente

«Debemos inventar los nuevos espacios, prácticas e itinerarios de lectura para unas universidades comprometidas con la sociedad tan convulsa en que seguramente vamos a vivir, configurando una especie de nueva República de las Letras con otros docentes, estudiantes o PAS, a través de redes, grupos internacionalizados o comunidades activas de lectores, orientados a entender los grandes desafíos de nuestro tiempo desde un punto de vista multidisciplinar», señala el Catedrático de la Universidad de Extremadura y Coordinador General de la Red Internacional de Universidades Lectoras


Eloy Martos Núñez, distinguido académico y líder en el ámbito educativo, ocupa múltiples roles que reflejan su compromiso con la educación y la promoción de la lectura a nivel global. Actualmente, ocupa una posición destacada en la esfera universitaria como Coordinador General de la Red Internacional de Universidades Lectoras, donde canaliza su pasión por fomentar la cultura lectora en entornos universitarios. Su experiencia abarca una sólida trayectoria como Catedrático de Didáctica de la Lengua y la Literatura, donde ha dejado una huella significativa en la formación de generaciones de profesionales. Además, ocupa la posición de Director del Departamento de Didácticas de las Ciencias Sociales, las Lenguas y las Literaturas en la Universidad de Extremadura, consolidando su compromiso con la excelencia académica y la promoción de prácticas innovadoras en la enseñanza. Con una trayectoria tan diversa y comprometida, Martos Núñez emerge como un defensor incansable de la educación y la importancia de la lectura en el ámbito universitario.

¿Podrías resumir cuáles son los objetivos y fines de la Red Internacional de universidades lectoras?

La Red Internacional de Universidades Lectoras (RIUL) se fundó en 2006 a partir del I Simposio de Universidades Lectoras promovido por las Universidades de Extremadura, Sevilla y Alicante. El objetivo básico del Convenio Marco que se firmó entre 13 universidades españolas y portuguesas (ahora son más de 40 de 12 países) era potenciar el papel de la lectura y la escritura en/desde la Universidad, entendidas no sólo como herramientas de trabajo (la llamada “alfabetización académica”) sino como vehículo de promoción integral del universitario.

La red diseña un conjunto de actividades de extensión de la lectura, seminarios, exposiciones, publicaciones y pretende articularse como una unidad de I+D, emprendiendo acciones de investigación de ámbito interuniversitario. Se dirige, pues, a docentes, estudiantes e investigadores de todo el ámbito universitario, y del entorno de las universidades. Reivindicar la lectura y la escritura como competencia básica y transversal es, además, una manera “militante” de actuar como universitario en la sociedad, pues necesitamos no sólo buenos profesionales salidos de la Universidad sino ciudadanos con una visión crítica, imaginativa, que sepan debatir, dialogar, discrepar… a partir de una formación lectora de calidad.

La red diseña un conjunto de actividades de extensión de la lectura, seminarios, exposiciones, publicaciones y pretende articularse como una unidad de I+D, emprendiendo acciones de investigación de ámbito interuniversitario

En definitiva, RIUL nació con una vocación transversal, interdisciplinar y de imitación de la cultura letrada, la llamada República de las Letras como modelo para la ciencia y la cultura, esto es, articular una red de académicos preocupados por la lectura y la escritura, más allá de diferencias geográficas, nacionales o de lengua o idearios. En los objetivos de la RIUL, ésta reconoce el grave problema de los universitarios no lectores, puesto que propone “potenciar el papel de la lectura y la escritura en la universidad, no sólo como herramientas de trabajo (la llamada ‘alfabetización académica’), sino como vehículo de promoción integral del universitario”, y “reivindicar la lectura y la escritura como competencias básicas y transversales”; de manera que leer y escribir sean dominios indiscutibles de los universitarios, formados no sólo como “buenos profesionales”, sino también como ciudadanos con una visión crítica e imaginativa: “que sepan dialogar y discrepar… y todo ello se aprende y se mejora leyendo y escribiendo en el amplio sentido de dichos conceptos” (Declaraciones de RIUL)

Desde muy pronto, en vuestras sucesivas declaraciones institucionales, apostasteis por una alfabetización múltiple que tuviera en cuenta toda la dimensión digital contemporánea. ¿Crees que las universidades están trabajando realmente esa vertiente de alfabetización digital como correspondería?

RIUL suscribe plenamente la máxima de A. Piscitelli de que necesitamos un lector híbrido, polialfabetizado y anfibio. Debe saber manejar las distintas fuentes, contenidos y continentes de la lectura, por tanto debe saber manejar recursos tangibles e intangibles, verbales y no verbales. La verdad es que todo lo que se conoce como el modelo Bolonia no siempre ha supuesto un auténtico cambio en la manera universitaria de leer y escribir, sino más bien una especie de desplazamiento o solapamiento de prácticas.

Si parafraseando a Jenkins, la convergencia de medios y la participación no viene acompañada de un uso inteligente de los medios y de los protocolos de aprendizaje, entonces el resultado son lecturas más bien mecanizadas y llenas de rutinas. Por poner un ejemplo, los alumnos de TFG, TFM o incluso de Doctorado acaban por ver las bibliografías de sus trabajos académicos no como un mapa para descubrir las conexiones y flujos de saberes sino como un vademécum estricto de normas, es decir, han perdido casi totalmente la dimensión heurística. 

la convergencia de medios y la participación no viene acompañada de un uso inteligente de los medios y de los protocolos de aprendizaje, entonces el resultado son lecturas más bien mecanizadas y llenas de rutinas

Así que el reto principal sigue siendo el que ya planteaba el maestro Roger Chartier: cómo casar o conciliar las actuales mutaciones de la lectura y de la escritura con las exigencias de la gran cultura letrada, que es a fin de cuentas el sello de identidad de la cultura europea –y por tanto de las universidades europeas-, que no es otro que la formación de ciudadanos librepensadores. 

Cuando suscribimos la idea de Piscitelli de que hay que promover un lector “anfibio”, nos referimos a esto, a que debemos cultivar de forma ecléctica los dos ámbitos, el libro y la pantalla, con criterios de oportunidad y de eficiencia. Los griegos distinguían dos nociones de tiempo: kronos y kairós, que tenemos muy en cuenta en la planificación de las actividades de animación a la lectura.

El kairós es el tiempo vivencial, oportuno, y el aula universitaria –en conexión con la biblioteca- debería ofrecer espacios para una cosa y para la otra, atenuando así la dependencia o adicción que tienen los universitarios de los dispositivos móviles. Sabemos que las habilidades informacionales o el manejo de textos multimodales no garantiza per se un mayor conocimiento, dependerá siempre de que sepamos “enhebrar” unos ámbitos y otros, y en eso  tenemos que seguir aprendiendo de los modelos clásicos, por ejemplo de la conversación socrática como forma de encauzar el trabajo con grupos de alumnos en talleres o seminarios.

En el tosco debate actual, magnificado por los medios de comunicación, en torno al uso de los dispositivos digitales y su incidencia en el desarrollo de la inteligencia y de los procesos de aprendizaje, apenas se menciona la enorme cantidad de evidencias científicas que abogan por la multialfabetización. ¿Qué acciones ha emprendido la Red para apoyar estos procesos?

Nosotros hemos creado con más de 50 expertos un Diccionario de nuevas formas de lectura y escritura, con una versión gratuita descargable en nuestra página web diccionario que ha tratado de significar una puesta al día sobre diversas nociones aledañas a la multialfabetización.  En el terreno de la práctica, hemos celebrado multitud de eventos, proyectos e iniciativas que han abordado estas temáticas y que pueden consultarse en nuestra web .

Hemos debatido cuestiones en distintos foros, facultades y colectivos, y desde diferentes paradigmas, áreas o campos de conocimiento. En particular, se han promovido entornos favorables a la lectura y la escritura dentro de la comunidad universitaria en su conjunto, ofreciendo siempre modelos mixtos, esto es, actividades presenciales combinadas con seminarios asíncronos, sesiones en streaming, mooc, cursos de moodle, etc. Los temas han sido variados, desde la escritura académica a las actividades de extensión de la lectura, charlas, exposiciones, publicaciones y un amplio etcétera.

Pretendemos siempre integrar diversos lenguajes y contextos, como el aula, la biblioteca u otros espacios y recursos que la Universidad pueda dinamizar como lugares propicios para el aprendizaje, el diálogo y la creación. Esta polifonía de públicos, voces (Bajtin), de temas y de perspectivas es un sello de identidad de RIUL. Creo que es un error “encapsular” a los de Derecho con otros profesores o alumnos de Derecho, y así sucesivamente.

se han promovido entornos favorables a la lectura y la escritura dentro de la comunidad universitaria, ofreciendo modelos mixtos, esto es, actividades presenciales combinadas con seminarios, sesiones en streaming, mooc, cursos de moodle, etc.

Recientemente se ha publicado The Ljubljana Reading manifestó: why a higher-leves Reading is important. ¿Se ha adherido la red de universidades lectoras? ¿Qué destacarías de esa declaración?

Totalmente de acuerdo con el manifiesto de la lectura de Liubliana, la crisis de la lectura universitaria actual es evidente. Coincidimos en su defensa de la complejidad de la lectura de educación superior, en particular a lo que afecta a prácticas de lectura cruciales en la enseñanza superior, como la lectura crítica y en profundidad, la lectura lenta, o la lectura intensiva o de textos largos.

El tsunami del mundo digital ha creado una falsa seguridad de que estos fines de la lectura de alto nivel se podían conseguir con medios y estrategias más simples. Es verdad que se lee más que nunca en términos cuantitativos, pues nunca hemos tenido tantos dispositivos o soportes ni las generaciones anteriores podían navegar a su antojo en este océano de información que es Internet. En particular, es significativo lo que dice el Manifiesto acerca de que necesitamos alinear perspectivas de estudio e investigación y superar la fragmentación, que es justamente lo que viene practicando RIUL desde sus inicios.

Por ejemplo, la lectura literaria, desde esta óptica, se nos manifiesta como un magnífico aliado para el desarrollo de esta lectura superior, e iría más allá del ámbito disciplinar (por ejemplo, en estudios filológicos o de educación), cuando en el terreno de la práctica y también de la legislación se aorilla todo lo que supone lectura recreativa, cuya raíz es la literatura. Por supuesto, nos sumamos a la crítica del uso casi excluyente de medidores cuantitativos, precisamente en este ámbito necesitamos estudios cualitativos de gran calado.

Coincidimos en su defensa de la complejidad de la lectura de educación superior, a lo que afecta a prácticas de lectura en la enseñanza superior, como la lectura crítica y en profundidad, la lectura lenta, o la lectura intensiva o de textos largos.

Además, si comparamos con el siglo pasado, intelectuales como Jean-Paul Sartre y otros ejercían un liderazgo crítico sobre la sociedad, y, aun equivocándose a veces, eran voces respetadas e inspiraron corrientes críticas y de cambio de la sociedad que llegaban a las aulas, a la calle. Hoy el marco de juego ha cambiado, el mercado lo inunda todo, y aquellos liderazgos han sido sustituidos por tertulianos o voces interesadas.

Internet es un inmenso bazar al que los jóvenes desembarcan sin orientación ni mediación la mayoría de las veces. Para colmo, las administraciones educativas no saben muy bien qué hacer con las Humanidades, ni con la Literatura, que son cada vez más apéndices, cultura irrelevante. Paradójicamente, la industria de la ficción factura millones y congrega a la gente ante las pantallas, es decir, a pesar de todo, el contar y leer historias sigue siendo una necesidad del ser humano.

Vamos a promover que los académicos de RIUL firmen este manifiesto.

En una era como la nuestra, en que los asistentes de inteligencia artificial nos proporcionarán respuestas veloces a cualquiera de nuestras inquietudes, ¿qué lugar crees que debería jugar la lectura profunda?

Se trata, como antes he aludido, de recuperar de modo ecléctico lo mejor del legado de la cultura letrada. La llamada República de las Letras de la etapa inmediatamente anterior a la Revolución Francesa supuso un modelo en que a través de salones, publicaciones, etc., cohabitaron científicos, pensadores, etc., sin cortapisas ligadas al sexo, la religión, la nacionalidad ni otras limitaciones, solo la expresión del talento. La universidad ha desplazado esto por la idea de la excelencia académica, pero aparte de las connotaciones competitivas de esta noción, se olvida la articulación y proyección de la universidad en su entorno.

La universidad no puede mostrarse a la sociedad como un conjunto de saberes y edificios fragmentados sino que tiene que ofrecer, intramuros y extramuros, una serie de propuestas e iniciativas que fomenten esta cultura del debate y del diálogo. Estamos en un momento en que lo primero, en un trabajo académico, es revisar y desmontar o deconstruir todos los estereotipos y preconcepciones, que es justamente lo primero que ofrece mucha de la información de la inteligencia artificial. Pruébese a hacerle preguntas sobre el concepto de patrimonio, por ejemplo, y reconoceremos lo que dice, a menudo ideas manidas, y lo que no dice, y esto es lo propio de la lectura crítica o en profundidad. 

Para que la lectura crítica y profunda se ejercitara adecuadamente, sería necesario que esas competencias se integraran transversalmente en el diseño curricular de todas las materias de cualquier facultad, como una competencia básica irrenunciable. ¿Crees que algún día podrá hacerse realidad esta aspiración? ¿Qué necesitaríamos para que ocurriera?

Es difícil porque la lectura crítica está disminuida o invisibilizada porque para los estudiantes y para no pocos profesores, lo que cuenta es la lectura académica, que se torna una herramienta mecánica, sin una comprensión profunda.  Se lee y se escribe limitados a menudo a una metodología y a indicadores o rúbricas cuantitativas, y se desconoce por ejemplo la diferencia que explica Eco entre uso e interpretación. Además de leer los textos para obtener una información, hay que entender e interpretarlos, y eso vale también para una película, un periódico o un programa de televisión.

los docentes universitarios deberíamos ser “activistas” y no conformarnos con la rutinización de los apuntes, sino generar “conflictos” cognitivos en nuestros alumnos, para que ellos indaguen y manejen distintos tipos de literacía

Necesitamos formar lectores expertos, en el sentido no de lectores eruditos sino de lectores con muchas experiencias de lectura, habituado a leer textos de todo tipo y con muchas modalidades de lectura, por ejemplo, la lectura en voz alta y la lectura poética son altamente formativas y enriquecedoras, también desde el punto de vista emocional y de posible cooperación entre los alumnos. El lector experto es todo lo contrario del lector superficial, que lee todo de la misma manera, no tiene criterio, y es presa fácil de la propaganda, la publicidad o la confusión.

Así que los docentes universitarios de cualquier disciplina deberíamos ser “activistas” en el sentido de no conformarnos con la rutinización de los apuntes, sino generar “conflictos” cognitivos en nuestros alumnos, justamente para que ellos indaguen y manejen distintos tipos de literacía, incluida la literacía comunitaria, pues no olvidemos el principio de que la “tribu educa o alfabetiza”, no solo la universidad, a través por ejemplo de prácticas alternativas, como las de aprendizaje-servicio. 

¿Hasta qué punto los clubs de lectura o las comunidades narrativas tienen relevancia en la universidad actual? ¿Qué papel están jugando?

Deberían ir en la línea que acabo de subrayar, crear comunidades de lectura es una forma de abrir la experiencia “intra” y “extramuros” de la universidad, esto es, con otros universitarios, pero también con otros lectores de fuera, y con profesionales como creadores, libreros, editores, etc. La tertulia dialógica es un modelo de éxito, al modo en que surgió el grupo de los Inklings donde estuvieron Tolkien, Lewis, etc. Tenemos mucho que aprender de estas comunidades de fans y de eventos tales como la Comic Com de San Diego, porque son grupos movidos por un propósito concreto, altruista y entusiasta en su mayoría, y con una filosofía inclusiva.

Desde hace algún tiempo, las universidades han fomentado clubes de debate, con un espíritu de entrenamiento retórico pero también competitivo. A mi juicio, también se deberían fomentar simples convenciones de lectura, al modo de las tertulias citadas, pero no al albur de las modas de la industria editorial o audiovisual, sino por ejemplo con propuestas más flexibles y al margen de cualquier interés promocional, que salgan de lo que puedan sugerir Facultades, Departamentos y Bibliotecas Universitarias. Los equipos rectorales de las Universidades (y no solo los Vicerrectorados de Extensión o de Estudiantes) deberían tener un papel más decidido en esta promoción de la lectura superior universitaria, al hilo de lo que propone el Manifiesto citado.

crear comunidades de lectura es una forma de abrir la experiencia “intra” y “extramuros” de la universidad, con otros universitarios, pero también con otros lectores de fuera, y con profesionales como creadores, libreros, editores, etc.

¿Qué ejemplos podemos encontrar a escala internacional de redes de universidades lectoras que pudiéramos seguir?

Siguiendo nuestra experiencia como RIUL, una Red de alfabetización debe superar el localismo, al que además es tan proclive la universidad en general, me refiero en cuanto a la forma de vivir la universidad que hay en cada comunidad o región. Lo cierto es que, como diría Chartier, cada zona tiene sus propias tradiciones letradas, de modo que integrar en una Red países, regiones, lenguas, culturas o mentalidades distintas, lo que hace es enriquecer.

Nosotros tenemos universidades desde Italia a Chile, desde A Coruña a Cádiz, desde Valencia a Lisboa, pasando por casi todas las regiones del interior de España y de Portugal. Y también en países tan alejados como Rusia y China. Esa variación y pluralidad es riqueza, porque todas las universidades, sin renunciar a su personalidad y a las propias actuaciones que ya vienen decantando hace años, lo que hacen es aportar sus propios enfoques al conjunto de la Red. 

En el ámbito hispano o latino en general no hay una Red semejante a RIUL, al menos en tamaño y proyectos. Hay iniciativas centradas en algunos países, como la Red LEEs en Colombia, con la cual precisamente hemos colaborado ya en varios eventos. Lo importante es trabajar en red e internacionalizar las iniciativas, lo cual no obsta para que cada universidad trabaje también a nivel local, en redes horizontes, y con otras universidades vecinas.

Puestos a desear, ¿cómo te gustaría que se tratara la lectura en la Universidad?

Sería simplista decir solo que hay un cierto retroceso en las prácticas lectoras, al menos las más vinculadas a la cultura letrada clásica, pero lo cierto es que la “digestión” de lo que antes llamaba “avalancha” de la información está siendo lenta y con problemas. También es verdad que se lee de otro modo y con muchos más soportes, códigos y dispositivos de los que nosotros teníamos hace apenas quince años. Tampoco es un problema de cantidad, de leer muchas cosas, sino de propiciar un lector de calidad, eso que Mignolo llamaba un lector “experto”, yo diría sagaz, capaz de leer entre líneas y, por tanto, un lector crítico, inconformista, susceptible de releerlo todo, esto es, de repensarlo todo, lo cual, sabemos que es un rasgo importante de un ciudadano competente. 

Yo siempre he creído que los universitarios somos unos privilegiados en este mundo convulso que vivimos, pero tampoco debemos tener un discurso de autocomplacencia. Por eso hay que reconocer la crisis y la precariedad de la lectura en la universidad. Creemos que los universitarios, por serlo, deberían ser lectores autónomos y adictos a los libros y a otros soportes, como los digitales. Pero lo cierto es que se trata de un ideal más que de una realidad. Ésta es muy diferente, pero, para admitirla, lo primero es hacer un (auto)diagnóstico y entender que las unidades universitarias (Titulaciones, Departamentos, etc.) se desentienden a menudo de esta necesidad.

Debemos inventar los nuevos espacios, prácticas e itinerarios de lectura para unas universidades comprometidas con la sociedad tan convulsa en que seguramente vamos a vivir

Partiendo de esta realidad lacerante, debemos cada cual ir dando pequeños pasos, cómo coordinar mejor fichas de asignaturas para que en todas ellas la lectura no simplemente académica encuentre un hueco, así como promover vías de encuentro entre disciplinas, actividades formativas, lúdicas y de promoción, en suma, de la lectura y la escritura para que cada universitario, según su perfil y sus preferencias, ¡pueda elegir! Ojalá tengamos esos lectores híbridos, anfibios y polialfabetizados de que habla Piscitelli.

Debemos inventar los nuevos espacios, prácticas e itinerarios de lectura para unas universidades comprometidas con la sociedad tan convulsa en que seguramente vamos a vivir, configurando una especie de nueva República de las Letras con otros docentes, estudiantes o PAS, a través de redes, grupos internacionalizados o comunidades activas de lectores, orientados a entender los grandes desafíos de nuestro tiempo desde un punto de vista multidisciplinar, tal como hacen por ejemplo los libros de Harari.


Joaquín Rodríguez

Lucía Bécquer

Espacios de Educación Superior está dirigido a poner en contacto a las personas e instituciones interesadas en la sociedad del aprendizaje en Iberoamérica y España.